Las desventajas de probar antes de comprar
Según Wikipedia: “Se denomina Shareware a una modalidad de distribución de software para que el mismo pueda ser evaluado de forma gratuita, pero generalmente por un tiempo especificado, aunque también las limitaciones pueden estar en algunas de las formas de uso o las capacidades finales. Para adquirir una licencia de software que permite el uso del software de manera completa se requiere de un pago…”
Bien, hace un par de semanas llamé (usando Skype) a Fran Peña, un buen amigo que desde Madrid hizo su colaboración para el GustaPOD 11. Yo grabé toda la conversa con una versión Shareware de un software llamado “Call Recorder”, que automáticamente registra el sonido y lo almacena en formato .mov. Luego, cuando traté de exportar el sonido de estos archivos .mov usando mi versión Shareware de Quicktime, la limitación de la cual habla wikipedia se manifestó con todo el poder que le confiere Apple.
¿La consecuencia? Tengo todo el audio del GustaPOD 11 encerrado en unos archivos .mov que no puedo manipular. Cuando consiga una versión PRO del Quicktime, un crack o algún otro software para resolver esto, lo edito y lo cuelgo de una vez por todas.
Visitas guiadas para combatir la rutina laboral
Creo que todos, desde que somos niños, nos hacemos cierta ilusión con el trabajo que deseamos tener “cuando seamos grandes”. Por supuesto, en mi caso, eso de “ser grande” definitivamente nunca tuvo que ver con la estatura sino más bien con esas experiencias que acompañan el crecimiento del vello púbico y el cambio de voz, con la responsabilidad que implicaba tener un pequeño anillo de metal con las llaves de la casa, con la alegría de las primeras mesadas; en fin, tenía que ver con el complicado camino hacia la adultez.
En aquel entonces creo que nunca soñé con ser doctor, ni bombero, ni policía, ni piloto de aviones; tal vez lo único que me interesaba era tener un trabajo divertido. Recuerdo que me hacía ilusión jugar fútbol como los señores que veía en la tele durante Mexico ‘86… parecía que la pasaban bien, corriendo de un lado a otro y celebrando cada vez que hacían gol. Pero lo del fútbol no era una alternativa, no señor, por algo nunca aparecía Venezuela en los álbumes de los mundiales.
Total que salí de bachillerato, empecé a estudiar Ingeniería Electrónica y a los dos años me cambié. La ingeniería no era lo mío. Preferí pasar a eso de la publicidad, que se veía interesante y mucho más divertido. Pero por encima de todas las cosas, la carrera parecía tener algo especial: las chicas que estudiaban publicidad no tenían bigotes, ni barba, ni se les unían las patillas con los pelitos de la nuca. Ya eso era ganancia. En el Poli habían ocasiones en las que dudaba antes de saludar a ciertas chicas… no sabía si darles un beso o estrecharles la mano. En serio. Algunas tenían el cabello corto, no usaban prendas muy femeninas y tenían unos bigoticos que me confundían cuando las veía a lo lejos. Ya cuando se acercaban era muy tarde para reaccionar de manera natural y entonces me quedaba a medio camino, entre el beso y el apretón de manos. Era extraña la situación.
En fin, entré a estudiar publicidad y el panorama cambió. Mujeres por todos lados, fiestas entre semana, cervezas los lunes por la noche, días libres… era perfecto. Lo más fino era ese rumor que giraba entorno a las agencias: más fiestas, más mujeres y más cerveza, aunque si me hablaron de que habrían menos días libres. Sin emabargo, eso no importaba porque a fin de cuentas para eso quería graduarme: para trabajar. Y así fue. Mientras estaba de pasantías conseguí mi primer empleo y me quedé allí durante año y pico, luego hice un workshop de creatividad en Madrid y regresé a trabajar nuevamente, en otra agencia; una in-house que pertenece a una mega corporación repleta de mujeres.
En ese momento pensé que el rumor de agencia se potenciaría, pero que va. Poco a poco me fui dando cuenta de que cada vez eran menos las fiestas, menos las cervezas entre semana y en especial, menos las chicas nuevas que conocer. Lo terrible del asunto es tener que pasar más de 8 horas metido en una oficina viendo a las mismas personas todos los días, durante meses o años enteros, sabiendo que las posibilidad de ampliar el círculo social se van reduciendo drásticamente. Creo que somos muchos los que arrivamos al trabajo muy temprano en la mañana y salimos -totalmente agotados- cuando ya ha oscurecido. Llegamos a casa sin ánimos de salir a fiestear entre semana, no tenemos tiempo para esas cervezas de los lunes por la noche; lo único que parece interesarle a nuestro cuerpo es una cama blandita en un cuarto oscuro y fresco.
Pero más allá del cansancio, lo peor de esta situación es tener que ver a las mismas compañeras de trabajo (que no nos gustan), una y otra vez. Las mismas piernas, los mismos peinados, los mismos sostenes de encajes, las mismas liguitas de pantaletas, los mismos cuentos trillados del novio que las cela desenfrenadamente y las mismas risas malintencionadas que surgen cada vez que hablan del chico que pretende enamorarlas (en vano) enviándoles chocolates y flores a la oficina durante la hora del almuerzo. Es una locura.
Entonces, propongo lo siguiente: ya que no hay mucho tiempo para conocer gente nueva y las personas que hay en la oficina, por una u otra razón no son una alternativa, los jefes deberían planificar con una agencia de masajistas una especie de invasión sensacional al trabajo. Sí, una suerte de visita guiada a la empresa -similar a las que hacen los niñitos en primaria- pero en donde los “visitantes” son chicas exhuberantes, solteras, fanáticas de la buena música y el alcohol, voluptuosas y simpáticas; mujeres desenfrenadas con ganas de vivir nuevas experiencias en compañía de un director de arte o un redactor, por ejemplo. No estaría mal ¿o sí?.
Yo creo que esa dinámica podría dar pie a un compartir bien especial entre los anfitriones y las visitantes, que sin duda harían más agradable el ambiente de trabajo y como todo sabemos, ese bienestar emocional siempre se traduce en ganancias para la empresa. De hecho, podrían hacer una prueba piloto y si todo marcha bien (tanto para los empleados como para los empresarios), se podría programar visitas sorpresa una vez por semana, que incluso animarían a todos a llegar temprano y no faltar jamás.
En fin, esta propuesta no tiene desperdicio… a ver si la consideran, amigos empresarios.
Caseroloops
Los blogs siguen proliferando a un ritmo espeluznante, eso todo el mundo lo sabe. Esta cultura de la Web 2.0 (que en palabras de Fernando Barbella, Director Creativo de OgilvyInteractive Santiago de Chile y Buenos Aires, es “la reescritura de las bases de la Web a partir de lo que la gente hace con ella”) se expande cada día más y eso nos permite compartir información, comunicarnos con personas de otras partes del mundo, conocer gente que comparte nuestros mismos intereses, hacer radio desde la comodidad del hogar, grabar videos caseros y proyectarlos gratis en un site y millón de cosas más.
Pues bien, uno de los últimos espacios que se han sumado a toda esta esfera de bitácoras digitales es CaseroLoops, el blog de mi pana Héctor Martínez, el cual queda recomendado para todos los que simpatizan con la cotidianidad y el humor no apto para mamitas. Échenle un vistazo cuando puedan, seguro se pillan un post que parece escrito por/para ustedes. A mí, por ejemplo, no me quedó otra más que levantar la mano y decir ¡presente! luego de leer “La justicia de los que no sabemos bailar”. Que pendejera.
En fin, avisados están.
¡Doctor, yo no quiero salir en television!
Insisto, el día debería tener más horas hábiles. Las que están disponibles en estos momentos parecen no ser suficientes para atender los compromisos de un trabajador clase media-baja promedio como yo. Por más que intento planificar las cosas, siempre hay algo que queda pendiente. Peor aún, quedan cosas pendientes y surgen otras imprevistas.
Hoy, por ejemplo, además de atender las típicas cosas que surgen en la agencia tuve que posponer la cita que tenía prevista en el otorrinolaringólogo para ir a donde Marco, que me iba a ayudar con unas ilustraciones súper importantes que deben estar listas mañana en la noche. En lugar de llegar a las 6:00 p.m., como habíamos acordado, llegué a las 6:45 p.m. porque a las 5:45 p.m. Juan Andrés me pidió que nos reuniéramos para hablar de negocios radiales. Estando allá, surgieron 2 ó 3 trabajos más que atender. Uno de ellos muy urgente, que debe ser entregado el miércoles y no podremos empezar a trabajar en ello sino mañana, si acaso.
Continúo. En la casa club de Marco a las 6:45 p.m. Mientras él ilustraba el encargo, le coloqué el disco debut de Wolfmother para animarlo. A mí me parece muy bueno, pero a Marco no tanto. De hecho, creo que si le hubiese tocado calificarlos en ese momento, habría levantado la mano con un cartelito en blanco. No le gustó que se parecieran a The White Stripes (“Apple Tree” y “Joker & The Thief” tienen un feeling muy Jack White), no le gustó la flautica tipo Jethro Tull que grabaron en “Witchcraft” y no se emocionó al escuchar “Mind’s Eye”, uno de mis tracks favoritos. En resumen, la idea de animarlo con el disco de “Wolfmother” fue pésima. Terminamos escuchando Ozzy.
Salí de la casa club a las 8:00 p.m. y de vuelta a la reunión que había dejado a medias. Más vale que no. Se unió a la lista de cosas pendientes una más, la cual debo atender mañana en pleno horario de oficina. Y supuestamente no puedo faltar. Mientras pienso como resolver la situación, paso por el programa de Juan y me consigo con un pocototón de mujeres en shortcitos corticos, escotes, cabello secado, tacones altos y adhesivos marrones en la nariz. Son modelos, no hay duda. Eran todas las candidatas al Miss Centro-Occidental, que estaban promoviendo el evento e invitando a la gente a seguirlo muy de cerca.
Me quedé en el studio unos minutos, para ver que pasaba porque en esos programas en los que hay tanta gente siempre pasan cosas que te hacen sonreír. Y así fue. Recreo para ustedes la escena:
Poco más de 20 candidatas, entaconadas y nerviosas a las puertas del studio principal de Promar TV. Están en una pequeña sala, así que se amontonan rápidamente. Chicas van, chicas vienen y de pronto surge de las sombras un tipo vestido de negro que las empieza a ubicar, formando una especie de fila india. ¿Bajo qué criterio? No sé. Sólo las iba colocando una detrás de otra, algunas más hacia atrás y otras hacia el frente… creo que las más bonitas iban primero y las menos agraciadas después. Finalmente les da el visto bueno y empiezan a entrar… ¡en el aire!… y allí empiezan a aparecer las bellas candidatas. Se ubican en los sitios que les tienen asignados mientras “discretamente” ponen todo en su lugar… sostenes, faldas y adhesivos nasales. Todo en orden.
Transcurren los primeros minutos del programa y llega un lote de rezagadas, que entran al set con cierta timidez, como ligando que el hombre de negro y su fiel asistente no las regañe en público. Aprovechan el corte y se incorporan como pueden. Algunas de pie, otras sentadas en el sofá y otras más en unas sillas altas. Detrás de cámara están el hombre de negro y su acompañante, vigilando cuidadosamente cada detalle. De pronto, uno de ellos levanta la ceja y empieza a hacerle señas a las chicas. El tipo se mueve hacia un lugar visible, posa sus manos a la altura de la cintura, coloca un pie hacia adelante, otro un poco más atrás y de pronto asume una posición que pudo haberle ganado al hombrecillo el título de Miss Fotogénica.
Las chicas miraban a la cámara, miraban a Juan Andrés, miraban a Gaby y miraban su profesor de fotopose, que ahora tenía forma de tasa para tomar consomé. De esas que tienen dos asas. Repetían el proceso con cierto nerviosismo, pero sonrientes. Con la típica sonrisa de modelo que nadie se cree. El tipo insistía en indicarles la postura correcta mientras que el hombre de negro, con la voz aguda que caracteriza a este tipo de gurús del modelaje, reforzaba el mensaje “discretamente” a otro grupo de chicas… glamour, estilo, pecho al frente, espalda derecha, barbilla en alto, manos en las caderas, sonrisa, piernas cruzadas, paz mundial, etc.
Da risa ver a estos tipos posando detrás de cámaras, mientras que las chicas trataban de seguirlos sin perder la “naturalidad”. Algunas, por supuesto, no lo lograron. Sin embargo, lo mejor de todo fue ver a “el doctor” (que me imagino se ha hecho millonario a punta de implantes y cirugías estéticas pagadas por estas muchachitas) obligando a una chica que no quería entrar al studio porque tenía la nariz repleta de esos adhesivos marrones que les colocan cuando las acaban de operar. El doctor la llevaba tomada de un brazo, mientras que la chica murmuraba “no doctor, yo no quiero salir así, me da pena… no, no, no doctor, por favor… yo no quiero salir así… (sollozo)… no, por favor”. Fue muy divertido.
Ojalá me vea en medio de este tipo de escenarios con más frecuencia. Si es con una de esas candidatas, pues mucho mejor.
P.d.: Las Mac y el blogger no se llevan bien. En el título falta un acento y las negrillas/cursivas no las puedo activar desde aquí, así que las verán con menos frecuencia de ahora en adelante.