Post nostálgico: conciertos (Parte III)

Publicado en 1 por gustaborracho en Agosto 25, 2008

El ánimo no está muy alto en estos días pero leí hace poco en Copyblogger que para llegar lejos en este negocio hay que escribir, escribir y escribir, con o sin ganas. Ahí vamos entonces:


Rock In Rio Madrid en la Ciudad del Rock (6 de Julio)
Luego de nuestros respectivos conciertos, Lapapaya y yo nos reencontramos en el hostal y nos tomamos varios litros de cerveza esperando que se hicieran las 3am para viajar de vuelta a España. Ya un poco borrachos, tomamos un taxi como a las 3.30am y llegamos al aeropuerto a las 4am. Treinta minutos después hicimos check-in, a las 6am despegó el avión y finalmente a las 10am llegamos a Madrid. Teníamos día y medio sin dormir. Dejamos las maletas en el hostal, nos cambiamos, comimos algo y nos fuimos directo a la Ciudad del Rock (el complejo construido especialmente para la primera edición de Rock In Rio en Madrid) para pillarnos todas las bandas que tocarían ese día.

Al llegar, lo primero que hicimos fue ubicar el stand de las cervezas, que a fin de cuentas era lo que nos mantenía despiertos. Compramos un par, le dimos una vuelta al lugar y nos fuimos al Escenario Mundo donde ya estaba tocando Café Tacvba, el injusto reemplazo de Chris Cornell, quien a última hora decidió cancelar toda su gira europea porque necesitaba más tiempito para terminar su disco de studio. Vaya cabrón. A pesar de la desilución que me llevé con el cambio de line-up, debo decir que el show de los mexicanos estuvo divertido.

Media hora después del show de Café Tacvba, subió al escenario el legendario Bob Dylan antecedido por su reputación. Sin mediar palabras inició el set y disparó sus canciones, una tras otra, casi sin pausas. Si bien no estaba muy familiarizado con el material más reciente de Dylan, el feeling de la banda y la estampa de este señor malencarado con sombrero vaquero, te engancha hasta el punto de hacerte saltar al ritmo de las melodías country que abundan en su set. La gente, el sonido y el sitio, una vez más, hicieron de la noche una fiesta inolvidable que alcanzó el climax durante “Like a Rolling Stone”, un tema puede sacarle lágrimas de emoción a cualquiera que lo escucha en vivo. Yo no me lo podía creer.

Salió Dylan y al rato subió Franz Ferdinand, una banda que tenía ganas de ver para comprobar si eran tan monótonos en vivo como en los discos. Los tipos tienen feeling para tocar, se divierten, tripean y al final el show resultó siendo mejor de lo que esperaba, entre otras cosas porque la gente se sabía todas las canciones y las coreaban con toda la fuerza que la marihuana podía proveerles. Los highlights del set: “Take Me Out”, “Michael” y “This Fire”.

Al caer la noche llegó uno de los momentos más bizarros de la noche: el inicio del set de Lenny Kravitz. Justo en el momento que Lenny puso un pie en el escenario se levantó una inmensa nube de humo frente a la tarima. Pensamos que eran efectos especiales pero al final nos dimos cuenta que no había máquina de humo, sólo porros, y éso aparentemente no le gustó mucho al señor Kravitz quien aprovechó la transmisión en vivo de TVE para hacerle un divertido llamado de atención a las 40.000 personas que estábamos allí. No recuerdo las palabras exactas pero ahí estaba Kravitz, parado en medio del escenario -muy serio él- diciendo algo como: “Apaguen eso… yo vine acá a verlos a ustedes y con tanto humo no puedo… además, eso les hace daño”. Eventualmente el humo mermó, el berrinche de Kravitz también y el show empezó con “Bring It On”, un tema del disco “It Is Time For A Love Revolution” que no me era muy familiar, por cierto.


Afortunadamente hubo criterio a la hora de elegir el setlist y varias canciones de la época más digna de Kravitz se dejaron colar a lo largo del set, siendo “Are You Gonna Go My Way” una de las más memorables. Y me cuesta aceptar lo anterior porque soy de los que está harto de los singles populares tipo “De Música Ligera”, “Plush” y “Mariposa Tecnicolor”, de hecho, hice una ovasión de pie cuando Jamiroquai no tocó “Virtual Insanity” en el Poliedro pero el caso de “Are You Gonna Go My Way” es diferente: eran 40.000 personas drogadas y borrachas saltando y cantando a tope en un sitio enorme lleno de luces futuristas con una especie de teleférico humano que cruzaba de lado a lado el lugar, y nosotros parados en unas plataformitas que nos ubicaban al menos 30 centímetros por encima de la masa de gente que no paraba de bailar. Échenle un vistazo al video:

Coño, bajo esas circunstancias sale Ricardo Montaner a cantar “La Cima del Cielo” y creo que me lo tripeo. En fin, el show de Lenny estuvo de puta madre y aunque teníamos ganas, no pudimos ver el set de Tiesto porque el cuerpo entró en huelga. No era para menos, teníamos ya dos días sin dormir. Fuimos, nos pillamos un par de slices de pizza bajo condiciones muy particulares y regresamos a Madrid en un autobús que nos dejó al lado del Santiago Bernabeu. Una vez allí, sudamos sangre durante media hora hasta que finalmente conseguimos un taxi que nos llevara hasta el hostal.

En total fueron 48 horas llenas de cerveza, rock n’ roll y buen rollo que le hicieron justicia a los 15 días que las precedieron y a esa insuperable compañera de viaje que no cambiaría por nada.

Post nostálgico: conciertos (Parte II)

Publicado en Europa 2008 por gustaborracho en Agosto 13, 2008

Escribir posts en la agencia siempre toma más tiempo que escribirlos en casa, por eso la segunda parte de la serie de conciertos llega un poco más tarde de lo previsto. Lo bueno es que el retraso le dio tiempo a Fixr de subir las fotos y videos que grabó esa noche en Twickenham, así que vamos, las cosas pasan por algo. Antes de empezar, debo advertir que en los videos se cuelan nuestras voces y peor aún, nuestras caras de idiotas, pero no tenerlas bajo esas circunstancias sería como aparecer en una de esas fotos perfectas de Facebook, donde todos salen perfectamente abrazados, sonrientes, peinados y con la camisa por dentro. Una farsa.

En fin, a lo que vine: Iron Maiden en Twickenham Stadium, Londres (5 de Julio).

Con éste no sé ni por dónde empezar. Ya los había visto un par de veces en Buenos Aires pero siempre, siempre, siempre había querido verlos en Londres… en su casa, con los fanáticos que los vieron nacer a finales de los setenta. El ticket para el show en Twickenham, el único que darían en el Reino Unido, lo compré a través de mi amigo Fran en Noviembre del año pasado y aún cuando no sabía si tendría dinero para viajar, hice la compra porque sabía que ese concierto sería la oportunidad perfecta para tachar el item “Iron Maiden en Londres” de mi lista de cosas por hacer, más aún cuando sabía la clase de tour que se venía.

Como previsión, en Marzo de 2008 me embarqué en el viaje más caprichoso de mi vida: 3 días en Buenos Aires con una escala de 9 horas en Sao Paulo, sin mucho dinero, sólo para ver el show de Iron Maiden en Ferro, por si acaso no se completaba el plan de Londres. Cuatro meses después estaba con Fran y su hermano en la estación de Waterloo esperando tomar el tren que nos llevaría a Twickenham, un pequeño suburbio al suroeste de Londres, famoso por su estadio de rugby (donde se realizaría el concierto) y la Royal Military School of Music. Lapapaya tenía planes con Damon Albarn y sus amigos africanos en el Barbican así que a las 5pm tomé un tren a Twickenham y 20 minutos después estaba con Fran y su hermano el pueblito que vio marchar por sus calles a 66.000 fanáticos de Iron Maiden esa noche, todos ansiosos de presenciar esa especie de versión moderna del World Slavery Tour, uno de los shows más memorables en la historia del heavy metal.

Entramos al estadio y Fran recogió nuestras entradas en la taquilla mientras que su hermano y yo hacíamos la cola para comprar las camisetas del evento. Como Fran es miembro del FC, nuestros tickets venían acompañados de un brazalete plateado que te hacía creer que eras alguna especie de fanático VIP, pero sin beneficios. Nada de cerveza gratis ni acceso backstage ni chicas borrachas queriendo tener sexo con nosotros, no señor, el brazalete servía sólo para entrar más rápido. Cuando lo hicimos, ya Lauren Harris había terminado su set y sólo faltaban 2 teloneros: Within Temptation y Avenged Sevenfold. La primera es una banda gótica bastante aburrida y la segunda, un poco más entretenida, tuvo buenos momentos durante su set, con riffs melódicos y voces fuertes, interesantes de escuchar por un rato.

A las 8pm, cuando el cielo aún estaba claro, “Doctor, Doctor” (UFO) marcó el inicio de un concierto memorable, tanto para los fans como para la banda. La versión en studio de “Transylvania” dió paso a un video filmado durante la primera parte del tour, que se mostró en las dos pantallas gigantes de alta resolución ubicadas a los lados del escenario. La calidad de la imagen y el sonido eran insuperables. Terminó el video y empezó a sonar el legendario “Churchill’s Speech” , ése que te da escalofríos cuando lo escuchas al inicio del Live After Death… justo en ese momento, cuando escuché el implacable “We shall never surrender” fue cuando realmente caí en cuenta de lo que estaba por venir…

Por más que me extienda escribiendo acá los detalles del show, nunca le haré justicia a lo que se vivió esa noche en Twickenham así que no iré muy lejos… ha sido el mejor concierto de mi vida. Y punto. Los highlights: Aces High, Powerslave (con máscara y círculo de fuego alrededor de Bruce, todo incluido), Rime Of The Ancient Mariner (con el humito en la parte lenta y las luces que bajan como en Live After Death), Iron Maiden (con la cabeza de Powerslave que se parte por la mitad y el Eddie gigante que aparece detrás de la batería, igualito que en Live After Death), Moonchild, Hallowed Be Thy Name y los panas con los que andaba.

Fuckin awesome.

Post nostálgico: conciertos (Parte I)

Publicado en Europa 2008 por gustaborracho en Agosto 4, 2008

Hasta que por fin me libré de esa extraña apatía que cada cierto tiempo me aleja del blog. Supongo que algo tendrá que ver con la edad, a fin de cuentas ya tengo un año más encima y me imagino que a medida que uno se acerca a las camisas cuello duro y las pantuflas peludas, pues también empieza a perder las ganas de contarle cosas a los extraños, en público. Qué sé yo.

Por cierto: Facebook es un arma de doble filo.

En realidad nunca me convenció mucho pero decidí darle un chance y lo aprovechó para demostrarme que aparte de ser la herramienta ideal para propiciar momentos vergonzosos cada vez que alguno de tus “amigos” decide postear una de esas fotos de infancia que nunca debieron tomarse, también es bueno para enviar las entrañables llamadas de cumpleaños directo a la mismísima mierda. ¿No?. A ver, sólo basta dejar un mensaje en el Muro (que desgracia que ese detestable pedacito de página web me recuerde a Pink Floyd) luego de acordarse ver por casualidad el apartado de los cumpleañeros del día y listo, adiós a los reencuentros telefónicos con los amigos y a las invitaciones espontáneas para tomar cerveza. Por suerte, unas cuantas personas lograron safarse del cybermundo en el que se cybersumergen de vez en cuando y celebramos de puta madre… hasta me regalaron tortas heladas, posts, fiestas sorpresas anticipadas y cervezas, muchas cervezas. Joder, ya me puse nostálgico (lágrimas en mis ojos)… creo que escribiré el primero de una serie de posts de los conciertos que vimos Lapapaya y yo hace poco en Europa. Toma ya.

Salomon Burke en Barbican, Londres (3 de Julio):
El primero de una serie de shows que teníamos en mente antes de viajar y que no defraudó, a pesar de que no éramos grandes fanáticos de las bandas que vimos esa noche. Las entradas las compramos el mismo día y fue allí, en la recepción del Barbican, que Lapapaya se enteró del concierto que daría Damon Albarn y sus amigos africanos dos días después, así que compró ambas entradas al instante. ¡Qué contenta se puso!. De hecho, recuerdo haber visto lágrimas en sus ojos mientras leía el folleto con la info del concierto, muchas más que las que derramó cuando descubrió que había internet gratis en la Apple Store de Oxford Circus. Muy emotivo el momento.

En fin, caminamos Londres por un rato y a las 7pm estábamos de vuelta en el Barbican, un centro cultural impresionante (el más grande de Europa, dicen) que organiza conciertos, exhibiciones y conferencias enmarcadas en el ámbito del arte, el teatro, la danza, la música, la educación y el cine. Además venden cerveza y te dejan entrar con ella a los conciertos. No se puede pedir más. Compramos un par de Fosters (creo) y entramos a la sala 6, un teatro de dos niveles con una tarima no muy grande en la que ya estaban dispuestos los instrumentos de Breakestra, un “proyecto amorfo” (en palabras de Miles Tackett, fundador de la banda) que se pasea por el funk, el jazz y el soul a modo de jam sessions, al menos cuando tocan en vivo. Los Breakestra empezaron su set y no pararon sino luego de una hora de concierto en el que despacharon unos 10-12 temas, incluyendo “Burgundy Blues”, el track que suena al inicio del GustaPOD. Esto, por supuesto, fue un detalle que me sacó una gran sonrisa, cómo no?.

El sonido era impecable y a pesar de que estábamos en el nivel superior de la sala, la ubicación y cercanía al escenario era bastante conveniente, más aún si contamos el espectáculo gratuito que nos regaló el tipo que estaba sentado junto a nosotros: un carajo enflusao, medio borracho, que se pasó todo el concierto metiéndose perico, bebiendo de una carterita y tratando de tomar fotos a escondidas. Go team! Total que los Breakestra terminaron su set y media hora después, la sala del Barbican se oscureció nuevamente para dar paso al show del legendario Salomon Burke, miembro del Rock N’ Roll Hall Of Fame y referencia obligada para cualquiera que sienta algo de aprecio por el soul y el R&B. Tom Waits lo describe como uno de los arquitectos de la música norteamericana (la relación entre ambos es bastante curiosa y este artículo cuenta buena parte de la historia) y ese día en el Barbican, Salomon Burke dejó muy claro que el elogio no le queda grande porque no sólo es un músico versátil con un carisma mucho más grande que él (eso ya es mucho decir), sino que además tiene una puesta en escena difícil de superar.

Sobre la tarima había un gran trono dorado rodeado de rosas rojas, un ciego que tocaba el órgano, unas violinistas, dos coristas (la nieta 89 e hija 21 de Salomon Burke) y una sección de metales compuesta por 3 músicos, todos esperando que las luces se apagaran para que el Rey Salomon Burke (así le gusta que le llamen), envuelto en un traje plateado que lo hacía lucir como una papa horneada de esas que venden en Wendy’s, pudiera ser transportado hacia el escenario en silla de ruedas y vaciado sobre su poltrona king-size al ritmo de “Amazing Grace”. Una vez en el trono, empezó la fiesta: “Like a Fire”, “Cry to Me”, “Diamond in Your Mind”, “How I Got to Memphis”, “Don’t Give Up On Me”, “(Sittin’ On) The Dock of the Bay” (cover de Otis Redding) y un medley de “Stand By Me/Wait Till the Midnight Hour/Mustang Sally”, fueron algunas de las piezas que se dejaron colar esa noche. Los músicos, el sonido, las canciones, el público, el sitio y el tipo que se subió al escenario a pulirle la cabeza a Salomon Burke con la toalla que tenía escondida detrás del trono hicieron de este concierto uno de los más entretenidos que he visto en mi vida.

Listo. Uno menos y quedan dos…