Yo lo que quiero es tomar… ¡sin parar!

por gustaborracho

Vaya fin de semana… al parecer fue muy productivo para los expendios de licores en esta ciudad, porque en menos de 48 horas he visto a unos cuantos personajes tambaleándose por las calles, e incluso, dentro de los autobuses. Sencillamente es el fin de semana, que causa un impacto tremendo en la conducta humana (no sólo aquí en Madrid sino en todos lados) y que en ocasiones, termina no siendo muy divertido para los que se pegan de cualquier chorrito de alcohol.

Por ejemplo, hoy cuando regresaba a casa a eso de las 7:30 pm, me subí al autobus que me lleva a Tres Cantos y conmigo se subieron también 3 chicas, una más borracha que la otra. De principio no le presté mucha atención, así que me senté tranquilito, encendí mi iPod y a mirar por la ventana. Una de las chicas pasa a lado de mi, me mira y sigue su camino hasta el final del autobus. Le sige la segunda, un poco más sobria que sus compañeras, me mira y sigue a ocupar otro de los últimos asientos. Finalmente, la tercera chica (y la más borracha de todas), pasa junto a mi, me sonríe, me saluda, me da dos besos y sigue su camino hacia el final del autobús, desde donde me grita y me pide que me siente junto a ella. Inmediatamente supe que sería divertido todo esto… Camino hacia el trío de chicas, me siento cerca y empieza la conversa:

– Tú como te llamas
– Gustavo
– ¿Qué estás escuchando?
– Depeche Mode
– No escuchas reggeton?
– ehh… no
– Rap?
– No
– ¿Tu que escuchas?
– Rap y reggeton
– Ahh… ta bien.

Breve silencio, susurros de mujeres ebrias, cigarrillo que se enciende dentro del autobús en el que está prohibido fumar y de pronto se oye un pequeño llanto. ‘No pude ser! No sólo la chica está totalmente ebria sino que además es de esa rara especie que le da por llorar cuando tienen más alcohol que de costumbre corriendo por las venas… perfecto.

Pasaron unos minutos y la chica en cuestión, de unos 19-20 años y bien linda para ser sincero, se acerca a mi tambaleándose y me pregunta:

– ¿Quién es la más guapa de las tres?
– Tú. Tu eres la más linda de todas.

¿Qué más iba a responder? :) En fin, la chica se sonríe y vuelve a su puesto, mientras sus otras dos compañeras hablan por el móvil a un volumen de voz nada normal. De pronto, las otras dos chicas se van hacia el frente del autobús y me dejan solo con la borrachita, que ahora llora con un poco más de fuerza y al parecer, tiene muchos más problemas para mantener el equilibrio y enfocar su visión. Incluso, a pesar de que por momentos pensé que me iba a vomitar encima, no podía dejar de mirarla… esa combinación de chica linda y niña borracha me resulta difícil de asimilar a veces.

Me distraje unos segundos y cuando vuelvo la mirada hacia ella, la chica tiene una tijera punta roma en la mano y procede a “cortarse las venas”. Aquí fue cuando pensé que ya la cosa no era tan divertida. La tomé de la mano e intenté quitarle las tijeras, con suavidad y delicadeza (como todo un galán pues), pero que va, la tenía sujeta con fuerza y de insistirle, podría lastimarse. Opté por hablarle y hacerla desistir de su intento de suicidio con una tijera punta roma de esas que usan en los colegios para hacer manualidades, a lo que ella hizo caso omiso y simplemente siguió en su afán por “cortarse las venas”, literalmente. Quiero decir que tomó la tijera y como el que se dispone a cortar un pedazo de papel, empezó a tratar de cortar su muñeca. Afortunadamente la chica no era muy inteligente y sólo logró darse algunos pellizcos, hasta que finalmente sus amigas llegaron al rescate, la llamaron tarada, le quitaron la tijera y se bajaron del autobús.

Vaya cosas que tiene el alcohol… unos ratos nos hace reír y disfrutar mientras que en otras ocasiones nos hace ver como los mismísimos idiotas. Creo que allí está la clave de todo este rollo de beber… en el control.

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