Paris, Paris

por gustaborracho

Mencionado lo de las fotos y la manera en que fueron tomadas, procedo a recordar mi estancia en Paris. En principio, la capital francesa no era mi favorita dentro de la lista al inicio del viaje, sencillamente no tenía ese feeling, sin embargo, luego de visitarla quedé gratamente sorprendido. No sólo porque es una ciudad que tiene muchísimo que ofrecer a nivel artístico y cultural, sino porque además es un lugar súper amigable con el visitante primerizo. Tiene un buen sistema de metro, avenidas amplias, montón de parques y plazas, buena señalización y dentro de todo, un ambiente muy especial aún cuando no andas en plan romántico.

Llegué a Paris a eso de las 8pm y gracias a una descripción perfectamente detallada de que autobús y metro tomar (desarrollada por mi amigo Rafael Viloria), llegué al Le Village Hostel a eso de las 9pm. El hostal está ubicado en Montmartre, un antigüo municipio francés (actualmente barrio de Paris) que es conocido por su aire artístico… pintores en las calles, pequeños cafés con música en vivo, la elegante Basílica del Sacre Cour, el antigüo cementerio, etc. Sin embargo, de noche Montmartre también se convierte en el lugar donde se pasean la gran mayoría de las prostitutas, los senegaleses sin oficio, uno que otro indigente y cantidad de turistas en busca de diversión (el Moulin Rouge y otros 70 strip clubs están ubicados por allí).

Mi habitación la compartí con una pareja de norteamericanos, que básicamente los vi siempre durmiendo. La chica era bella y además muy simpática, lástima que ya venía acompañada. En fin, el primer día decidí tomarme unas cervezas con rafa y su novia, así que nos encontramos en una estación de metro cercana y nos fuimos a algún bar cuyo nombre no recuerdo… a ver… ya recuerdo, La Rumiere. Un típico café parisino, donde nos tomamos unas cuantas Leffe, una cerveza belga que al parecer tiene una gran historia a sus espaldas. Si les interesa saber más al respecto, por ahí hay unos cuantos artículos en Google y en Wikipedia.

En fin, a eso de la 1 am le digo a Rafa: “yo me voy, para poder agarrar metro de vuelta al hostal”. Vale, eso hice. Rafa me acompañó para indicarme donde estaba la entrada del metro… ¿y cuál es nuestra sorpresa? Metro cerrado. Ok, nada, tomaré un autobús, si acaso logro explicarle al conductor hacia donde quiero ir, valiéndome del francés más nulo que jamás alguien haya hablado sobre la faz de la tierra. Rafa me escribió en una libreta (donde apunté todos los detalles del viaje) lo que tenía que decirle al tipo del bus, así que desde ese momento empecé a practicar. Pasaron 30 minutos, una hora, hora y media y niguna señal del fulano autobús. A todas estas ya eran las 3am, habían al menos 15ºC con viento y yo estaba ya algo borrachín, porque eso si tienen las Leffe, alcohol. Como rascan!

Bueno, nada… a esperar. Pasaron 20 minutos más y le dije a Rafa por sms: “El autobús no pasa”. A los minutos estaba el buen Rafa en la parada y me invitó a casa, a pasar la noche allí con ellos porque sino me muero de la hipotermia esperando el autobús para ir a casa. Gracias Rafa y novia, gracias por hospedarme y darme de comer. Al día siguiente me levanté temprano, fui al hostal, me eché un baño y directo al Louvre, que ese día (por ser el primer domingo del mes) estaba gratis. ¡Sorpresa, sorpresa! Al menos 300 personas tenían el mismo plan, así que me tocó calarme la cola de 2 horas para entrar al famoso Louvre, que a decir verdad tiene cosas muy interesantes, como la exhibición de arte egipcio que está brutal!!!

También estuve viendo la Mona Lisa, que verdaderamente es toda una proesa. En primer lugar, la tienen resguardada con un vidrio de seguridad y al menos 10 vigilantes, sin contar todos los dispositivos de alta tecnología que me imagino están activados día y noche para asegurarse de que nadie se lleve a La Gioconda de paseo. Cero cámaras de video, cero cámaras fotográficas ni celulares, la cosa es exagerada. Yo sin embargo pude hacer un videito y tomar una foto desde lejos. Luego, di un par de vueltas por Louvre, vi unas cuantas cosas más que me interesaban y me di a la tarea de salir de allí, que me resultó más difícil que entrar. Gente por todas partes, pasillos, sales de exhibiciones y la salida justo detrás de todo eso. Un desastre.

Salí con la intención de seguir hacia el Museé D’Orsay, pero por ser gratis también la cosa estaba imposible de lograr. Habían al menos tantas personas como en Louvre, en una cola mucho más lenta. No way, no voy a perder todo mi día parado ante la puerta de un museo, así que decidí caminar por los Champs Élysées y ver las cosas que todo turista debe ver cuando está en Paris. Eso incluye: Arco del Triunfo, Torre Eiffel, Champs de Mars, Les Invalides, Notre Dame y si eres un fanático de The Doors, pues el Cementerio de The Père-Lachaise, donde tienen los restos de Jim Morrison.

El sitio es enorme y si se quiere algo tenebroso, como cualquier cementerio me imagino. Allí no sólo tienen enterrado a Jim, sino que también están las tumbas de Frédéric Chopin, Louis Gay-Lussac, Oscar Wilde y Jean La Fontaine, entre muchos otros filósofos, músicos, científicos y demás mortales. Curiosamente, la tumba de Jim está rodeada de unas barreras de metal, sobre las cuales se apoyan las decenas de fanáticos que se acercan a rendirle tributo, dejarle poemas, flores, discos de The Doors (¿para que?) y demás detalles. Cuando fui habían unas 8-10 personas, incluyendo una pareja de colombianos. Rápidamente pase, eché un vistazo a la tumba, escuché “Roadhouse Blues” y “Love Me Two Times” y seguí mi camino, esta vez hacia los Jardines de Luxemburgo.

Ese lugar es el típico sitio para pasar toda la tarde lerdeando y haciendo nada. Montón de árboles, jardines (dah!), pequeños laguitos, fuentes, canchas de tenis, canchas de bolas criollas (en serio!), kioquitos que venden sandwichs y bebidas, aire freso, sol, tranquilidad… en fin, un lugar perfecto. A excepción de los precios del kioskito, que me cobró casi 10 euros por una coca cola y un sandiwch de jamón y queso (hijos de p**a). Un rato ahí y luego un par de cosas más, entre ellas la Torre Eiffel. Vaya que es imponente, al igual que la cola que tuve que hacer para subir al último nivel, desde donde se aprecia toda la ciudad. Debo decir que después de subir, valió la pena cada minuto que estuve de pie, despotricando hacia todas las personas que decidieron subir el mismo día y a la misma hora que yo.

Ya por último, fui a ver la Basílica del Sacre Cour y el Moulin Rouge (vaya combinación). La primera, es una gran basílica cuya base se encuentra llena de africanos vendiendo mariqueras. Una vez que logras safarte de ellos, puedes subir hacia la edificación como tal y ver Paris desde uno de los puntos más altos de la ciudad (luego de la Torre Eiffel y la Torre Montparnasse). Dentro tiene unas cuantas estatuas súper impresionantes, incluyendo una de Juana de Arco. Vale la pena visitar el lugar, está muy bien, sobretodo si enmtras escuchando “Be Quick Or Be Dead”… woo hoo!

Por otra parte, el Moulin Rouge no es gran cosa, es decir, al menos no lo es para los que no tenemos dinero para entrar. Des de afuera es eso, un molino con luces de neón rojas, dando vueltas, al tiempo en que las letras “Moulin Rouge” también lo hacen. Nada más. Ahora, esa cuadra tiene cosas más interesantes, como los 100 strip clubs y cabarets que practicamente pueden dejar ciego a cualquiera con sus luces y mujeres. ¡Dios! No me contuve y entré a uno, en el que vi a la morena más buena de este planeta, en serio. Había visto morenas buenas y esa tipa. Dejó de ser bella cuando me dijo cuanto tenía que pagarle por estar sentadita junto a mi mientras me tomaba mi cerveza. ¡Rayos!

En fin, Paris, una ciudad que me sorprendió gratamente y que espero poder visitar nuevamente, quizás para ver a Iron Maiden en el Palais Omnisport de Bercy. We’ll see.


Foto 1: Torre Eiffel.
Foto 2: Catedral de Notre Dame.
Foto 3: Rafa, su novia y unas amigas en “La Rumiere”.
Foto 4: Mi diálogo en francés.
Foto 5: Museo de Louvre.
Foto 6: Museé D’Orsay.
Foto 7: Unas esculturas a las afueras del Museé D’Orsay.
Foto 8: Tumba de Jim Morrison.
Foto 9: Una de las fuentes en los Jardines de Luxemburgo.
Foto 10: Basílica del Sacre Cour.
Foto 11: Moulin Rouge.