EN BUENOS AIRES: Morbo y LaChapelle

por gustaborracho

Por fin algo de tiempo libre. Esta semana ha transcurrido entre mudanzas en la oficina, pequeñas reuniones, episodios de “24”, DVD’s de “The Who” y calor, mucho calor. Insoportable, desesperante y puto calor. Lo peor es que la hora en la que necesariamente tengo que salir de la oficina, caminar, tomar un autobús e ir a mi casa para almorzar es, precisamente, el mediodía. Vaya que extraño esa rutina de ponerme una franela (camiseta, remera, etc.), luego un sweter, luego una chaqueta, después un gorrito y salir a la calle para sorprendentemente sentir un poco de frío. La magia del otoño argentino.

A propósito de eso, aquí va el post que corresponde al sábado 12 de Mayo:

Llegamos al hotel a eso de las 3 a.m., con un LP de la Pantera Rosa y unas cuantas cervezas/rones encima. Yo estaba destruido pero Ram tenía ganas de seguir acabando el trapín por ahí y como no consiguió quorum, pues abandonó la idea de seguir en la calle (Eu, Manu, Santiago y yo estabamos aniquilados; Ernesto y Richardson tuvieron que atender un par de asuntos y Carlos, finalmente también decidió irse a dormir).

Despertamos a eso de las 10 a.m., empacamos e hicimos el check out a mediodía. Nos fuimos al Hotel Americas Tower (el gemelo ricachón de nuestro hotel, en el que sólo podían hospedarse los millonarios) y allí esperamos a Carlos, quien nos invitó a quedarnos en su casa durante el fin de semana. Que buena onda el chaval. No sólo nos ahorró unos cuantos dólares, sino que además nos atendió de maravilla en su apartamento, nos dió tequila genuina, nos prestó el baño, nos compró cerveza, nos brindó yoghurt de manzana, nos quemó unos DVD’s de “24” y “Kidnapped”, nos llamó un taxi que nos llevara al aeropuerto y nos despidió a las 4 a.m. Tremendo pana. ¿Sabes qué Carlos? Una vez más, gracias.

En fin… llegamos a casa de Carlos, dejamos nuestras maletas y nos fuimos al Malba, donde había una exposición de David LaChapelle titulada “Heaven and Hell”, que incluía algunas de las fotos más conocidas de este señor que se ha convertido en un referente de la fotografía moderna. La muestra estuvo buena. Estaban las clásicas fotos de Angelina Jolie, Madonna, Pamela Anderson, Uma Thurman, Marilyn Manson (brutal la expresión de los niñitos) y algunas otras, quizá menos populares, pero igualmente sorprendentes en cuanto a la producción y los colores que logran reflejar. También había una pequeña sala audiovisual, donde se proyectaron algunos videoclips dirigidos por LaChappelle, entre ellos “Dirty” de Christina Aguilera, “Natural Blues” de Moby, “She Ain’t Right For You” de Macy Gray, “Rich Girl” de Gwen Stefani, “It’s My Life” de No Doubt y “This train don’t stop there anymore” de Elton John.

Se suponía que nos encontraríamos con Cami y Eu en el Malba, pero creo que llegamos un poco tarde y sólo al final, cuando ya nos íbamos, fue que finalmente las vimos. Ellas iban de compras y nosotros al Buenos Aires Design, así que acordamos vernos nuevamente a las 9 p.m. en Corrientes y Montevideo, donde hay un teatro que presentaba “Dame Morbo”, una obra a la que Ram y yo habíamos querido entrar el sábado anterior, pero que por razones de tiempo no pudimos ver (entramos a un restaurant mientras se hacía la hora de entrar al teatro. Cuando terminamos de comer, ya la obra había empezado). Total que nos fuimos al Bs. As. Design, caminamos un rato por el mercadillo que se arma allí en la Plaza Francia todos los domingos, Ram compró un mate, echamos un vistazo al Hard Rock Café de Buenos Aires (que no es gran cosa, en realidad) y a las 7:00 p.m. más o menos, tomamos un taxi y nos fuimos a “pasear por Corrientes”.

Mientras se hacían las 9, decidimos comprar – con mucha antelación – las entradas para “Dame Morbo” y luego, echamos un vistazo a una tienda de discos cuyo nombre no recuerdo ahora. Era el paraíso. Habían un montón de LP’s, de cuanta banda se me ocurría, todos a buen precio e incluso, ediciones argentinas rarísimas que tenía tiempo buscando en internet. Como era de esperarse, empezé a seleccionar lo que más me interesaba:

“The Kids Are Alright” de The Who, edición especial, version inglesa de 1979, doble vinil con booklet gigante de no sé cuantas páginas, todo en perfecto estado y empaquetado.

“Sabotage” de Black Sabath, edición argentina de 1975, con las letras de las canciones impresas en español y una portada diferente a la versión original.

“La Canción sigue siendo la misma” de Led Zeppelin, versión argentina de 1977 , con los temas en español impresos en la portada, doble vinil con booklet gigante de tantas páginas, en perfecto estado.

“Sabbath Bloody Sabbath” de Black Sabbath, edición argentina de 1973 en buen estado.

Y además conseguí un disco súper raro de Pete Townshend, de portada blanca con ilustraciones negras, que contenía algunas canciones del proyecto Lifehouse y otros temas de The Who. Todos los textos de la portada estaban en español y explicaban, brevemente, a que período pertenecía cada tema incluido en el LP. Estaba en perfecto estado y muy barato (unos 20$).

Me decido a comprarlos todos y cuando voy a pagar, la señora que estaba en la caja registradora me mira, mira los discos, no dice ni una sóla palabra y sigue hojeando la revista que tenía en sus manos. Aparentemente, la señora no entendía que yo estaba allí para pagar, entonces le digo:

– Disculpe, quisiera llevar estos discos

– A ver, ¿qué shevás ahí?

– 2 discos de Black Sabbath, 1 de Led Zeppelin, 1 de The Who y 1 de Pete Townshend.

– Esos no te los podés shevar, vite?

– ¿Qué? ¿Por qué no? Voy a pagar en efectivo.

– No, es que el señor que los vende no viene sino hasta el martes, vite… entoces, sho no te los puedo vender.

– ¿Qué? Entonces, ¿para que coño los tiene si no los puede vender? Peor aún, ¿por qué rayos no me dice si me ve eligiéndolos durante 1 hora?

– Eh, que se sho vite… sho no estoy pendiente de eso, ché. Los discos están ashí para quien los quiera ver, pero no los puedo vender si el dueño no está aquí. ¿Me entendés?

– No, no entiendo. Eso no tiene sentido. Yo tengo el dinero, usted tiene los discos y el precio de cada disco está en una lista pegada en el mostrador. ¿Qué parte del proceso de venta no entiende? Vaya mierda esta tienda.

Y me fui, arrecho. Nos encontramos con Cami, Eu, Ernesto y Carlos en el teatro y finalmente entramos a la función, tal como estaba previsto. El Belisario Teatro es pequeño, un lugar en el que caben algunas personas sentadas en sillas y otras, como nosotros, en pequeños cojines tirados en el piso. La obra, “Dame Morbo”, fue escrita por José María Muscari (a quien los actores putean mil veces durante el show) y descrita por el Diario La Nación como:


“Un espectáculo de humor con un poco de mal gusto, un stand up esquizofrénico donde la truchada y la poética se pegan con plasticola. Los actores son exigidos a sostener la hora diez de espectáculo, con un texto que se cae a pedazos y donde la única salvación será el virtuosismo artístico de cada uno.”

El Director, por su parte, se refiere a la puesta en escena de la siguiente manera:

“Este espectáculo es un pastiche esquizofrénico donde la poética y lo trucho se pegan con plasticola y se mezclan las noticias de Gente, Caras, Paparazzi y Semanario con las dietas de Susana Giménez, el cenicero que le rompieron en la nariz a Roviralta, Nazarena pegándole a su marido y a la pobre Pradón, que la tiraron por el balcón. Todo eso es mi obra, una puesta con estética moderna y una visión bastante ácida sobre lo que significa el humor”

La cosa estuvo simpática, sobretodo por las dos muchachonas que participan en la obra. Una de ellas – Paula Schiavon – es preciosa e intimidante. A mitad de obra sale en ropa interior y nos sorprende; remata al final, cuando se desnuda y pasa por nuestro lado, dejándonos boquiabiertos por el resto de la noche. Lo único desagradable de la obra es ver a Emiliano Figueredo – un tipo blanco, afeminado y con el cabello teñido de amarillo – paseando desnudo por el escenario y abriéndose el orto justo de espaldas a nosotros. Con las dos manos y sin consideración. Una agresión brutal que nos tomó desprevenidos y que casi nos hace vomitar. Sino pregúntenle a Camilia. De resto, todo bien.

Salimos del Belisario, Ram y Ernesto tomaron un par de fotos a Paula y Emiliano justo a la salida del teatro y luego nos fuimos a la Pizzería más grande del mundo, donde nos esperaba Michelle y algunas amigas. El sitio es gigantesco. Tres pisos, repletos de mesas y sillas, en el que caben al menos 500 personas y cuidado si no me quedo corto con la estimación. En el nivel más alti, en una de las últimas mesas estaba Mich y sus amiguitas, una de ellas muy linda… y con converse. Hablamos un ratín y luego salimos de la súper pizzería, tratamos de ponernos de acuerdo para hacer algo pero habían planes diferentes: cami y eu tenían que ir a visitar a una amiga en no sé donde, Mich y sus amigas iban a comer helados y luego a otro sitio; Ernesto se iba al día siguiente en la madrugada, así que sus planes no podían extenderse hasta muy tarde. Finalmente, cada quien se fue por su lado y Ram, Ernesto y yo nos fuimos con Carlos a su apartamento, a tomar cerveza y pajarear en la compu.

Ya de ahí en adelante, no recuerdo mucho. Creo que Ernesto se fue al rato y nos quedamos nosotros hablando paja hasta que finalmente decidimos descansar un par de horas. So long.