En mi blog mando yo

por gustaborracho

Cuando empecé este blog, en febrero de 2006, lo hice con la intención de tener un espacio en el que pudiera comentar abiertamente el tópico que se me antojara. Inicialmente, empecé con unos cuantos reviews de discos y bandas, quizá influenciado por mi trabajo en la radio y las ganas de compartir con los pocos lectores del blog algunas de mis preferencias musicales, pero luego me fui a Europa por un par de meses y este espacio se convirtió en una bitácora de viaje donde registraba las cosas que veía en cada lugar, posteaba una que otra foto y poco a poco, esto se fue convirtiendo en un rollo más vivencial.

De ahí en adelante, la “línea editorial” se mantuvo más o menos en ese sentido… opinar, con una óptica subjetiva y muy personal, acerca de ciertos tópicos. Algunos totalmente irrelevantes para la mayoría de los lectores (pero interesantes o divertidos para mí) y en otras ocasiones, acerca de situaciones que aparentemente le interesan a más de uno. Pues bien, creo que el post de hoy puede colocarse en el último lote, así que sigan leyendo, por favor. Hace un par de días pasé por Caseroloops a echar un vistazo y el último post, titulado “Mi mayor tristeza”, me hizo detenerme en el acto y leerlo cuidadosamente. Mi pana Héctor no es un tipo que anda escribiendo de tristeza por ahí; de arrecheras, tal vez, pero de tristeza no. Algo grave tenía que estar pasando para que Héctor hiciera un post titulado de esa manera y efectivamente, cuando lo terminé de leer, me dí cuenta que la palabra “tristeza” había sido empleada perfectamente. En el post, Héctor comentaba acerca de un incidente que lo obligaba a abandonar su blog y como la situación que lo forzaba a tomar esa decisión no estaba clara, decidí preguntarle a unos cuantos panas. Más vale que no.

Resulta que unos algunos miembros del Centro de Estudiantes de la UCLA (Barquisimeto) tomaron, sin permiso, un post de Héctor y lo reprodujeron en millones de flyers que recorrieron los cielos de la universidad en cuestión y eventualmente, se convirtieron en un catalizador de opiniones dentro de la comunidad estudiantil. El post que arbitrariamente fue copiado y reproducido tiene que ver con el tonto comportamiento de uno de los altos dirigentes de la UCLA, encargado del área Cultural, que como toda figura pública está expuesta a ser objeto de críticas y comentarios, buenos y malos. Sin embargo, como era de esperarse, este pseudo-intocable no supo lidiar con la opinión de una sola persona y empezó una cacería de brujas extraordinariamente absurda. Llamó a no se quién, le contó a sus amigotes millonarios, le hizo pucheros a unos cuantos adoradores y al final, un grupo de sin vergüenzas con cierto poder amenazaron con demandar a Héctor por lo que imagino perciben como una crítica insolente.

Ahora bien, yo me pregunto… ¿A cuenta de qué van a demandar? El artículo no dice nada que no sea verdad y por otra parte, hasta donde yo sé, los blogs son espacios personales en los que cada quien puede decir lo que le venga en gana. Ningún blog impone su contenido y nadie es obligado a tipear la dirección de una bitácora en su navegador; la gente accesa a ellos y decide leerlos por voluntad propia. Así de sencillo. Además, si alguien toma información de internet y la hace pública en forma de volantes, el rollo es con quien los reprodujo y no con quien publicó la información en un espacio personal. ¿O me equivoco?. Más allá de eso, lo que más me divierte de este incidente es que si el dueño del blog fuese Gustavo Cisneros, probablemente nadie saldría a la defensa del inútil que tuvo que renunciar a su cargo en la UCLA por incompetente. Me gustaría ver cuantos estarían dispuestos a iniciar una demanda si el autor del post fuese, por ejemplo, Donald Thrump o el hijo del dueño de alguna mega corporación. ¿Ninguno, verdad? Claro, es que las críticas ensucian la dignidad y el orgullo de los “poderosos” cuando provienen de alguien que consideran inferior, pero cuando sale de la boca de alguien con mucho más “poder”, bueno, ahí las cosas cambian y los comentarios que eran ofensivos terminan convirtiéndose en detallitos fáciles de olvidar. Pendejaditas pues.

Entonces, vayan al diablo todos los que se creen intocables porque tienen una oficina de dry-wall y un escritorio prestado donde reposa una plaquita de metal que dice Gerente, Rector o lo que sea. Vengan y díganme, en mi cara, que no puedo opinar en mi blog. Hagan pucheros, lloriqueen como niñas, pataleen y demándenme por levantar mi voz y compartir mis ideas con quienes quieren escucharlas. Que venga el tipo de la UCLA y me diga lo que puedo y no puedo decir en mi blog, para mandarlo bien largo al carajo. Estoy cansado de ver como unos cuantos sin vergüenzas menea-whisky se ofenden cuando alguien les hace ver que se equivocan, cuando la gente advierte que son unos incompetentes elegidos a dedo para hacer un festín con el dinero ajeno y/o cuando alguien con criterio les demuestra que las cosas no son como ellos dicen. Si no les gusta recibir críticas o comentarios relacionados con sus trabajos, pues renuncien, váyanse a casa y acuéstense a dormir.

Eso, por cierto, va con los que organizan eventos, con los que dirigen partidos políticos, con los que tienen agrupaciones musicales, con los que están encargados de gerenciar empresas, con los jefes de departamento, con los que hablan por la radio y aparecen en televisión, con los que escriben en periódicos y demás medios impresos, con los que hacen publicidad, con los que hacen malabarismos en la calle, con los que recitan poemas ante un auditorio, con los que dan clases en las escuelas y universidades, con las promotoras de cerveza, con los que escriben en los blogs, con los que graban podcast y con todos los que hacen algo que termina quedando expuesto al público; a todos ustedes, amigos, les recomiendo que renuncien a sus trabajos y se pongan a sembrar hortalizas en el patio de sus casas si no tienen el temple para aceptar las críticas ajenas. Las que tengan respecto a este post, pueden hacerlas llegar en la sección de comentarios.

Ya para terminar: Héctor, mi pana, déjate de pendejadas y sigue escribiendo. Ánimo Amador.

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