Las mujeres marsupiales

por gustaborracho

Los teléfonos celulares, sin duda alguna, son uno de los dispositivos que han calado con mayor facilidad en los venezolanos. No importa si tienen que dejar de comer, gastarse el sueldo completo y sacrificar la supervivencia de su familia, la mayoría de los venezolanos van y compran el celular más costoso que encuentren porque de alguna forma, ese aparatico es sinónimo de alcurnia.

El venezolano promedio no le presta atención a la practicidad del equipo y le da igual si el teléfono es el más complicado de manejar; sencillamente lo compra porque está de moda, porque tiene una decena de funciones que jamás usará y además, porque lo hace sentir importante. De hecho, he conocido gente que se muere por tener en sus manos un aparatico con cámara de 5 megapixels, bluetooth, calendario, hora mundial, conexión a internet, centenares de ringtones polifónicos, wallpapers, radio, televisión, sms, agenda electrónica, calculadora y juegos interactivos aún cuando lo único que realmente terminarán usando con frecuencia son los botones de llamar y colgar. Pero eso es lo de menos, lo que realmente interesa es convertirse en una especie de abanderado de la telefonía celular de última generación y para ello, hay que complementar la adquisición del equipo con un buen estuche.

En ese sentido, las opciones son prácticamente infinitas. Estuches de cuero, de plástico, de gamusa barata, con broches, sin broches, con cierres, sin cierres, con cierre mágico, sin cierre mágico, transparentes, de colores, con joyas falsas, con muñequitos animados, con luces y mil gimmicks más; los usuarios de teléfonos celulares tienen en el mercado venezolano un montón de alternativas para proteger sus preciados equipos. Sin embargo, hay un lote de consumidores -femeninos todos- que prefiere obviar las posibilidades que los manufacturadores taiwaneses ponen a su alcance y decide romper bruscamente los principios básicos de la estética y los buenos modales. Me refiero a las mujeres que tienen la costumbre de colocarse el teléfono celular entre los senos.

Así es amigo extranjero, no sé si en su país las mujeres suelen esconder estos aparatos entre sus pechos, pero acá en Venezuela, esta extraña práctica es bastante popular. ¿La razón? Pues no la tengo muy clara, pero según he escuchado, la idea de colocarse el celular entre los senos surge como consecuencia de la inseguridad en Venezuela. Aparentemente, las mujeres que tienen esta maña han manifestado que las amenzas de robo son tan grandes que se han visto obligadas a desechar los estuches convencionales y adoptar una nueva técnica para transportar en secreto sus teléfonos y evitar así que las despojen de sus preciosos dispositivos.

De hecho, recién ví un documental donde una señora explicaba el origen de esta inusual práctica, así que voy a compartirlo con ustedes. En el video, la mujer -que supuestamente fue la que puso de moda esta costumbre- comentaba que la idea se le ocurrió luego de ver en National Geographic un documental acerca de los canguros. Así es, la señora cuenta que justo cuando vió a la mamá canguro depositar cuidadosamente a su cría en el marsupio para protegerla de los depredadores, la idea de colocar el teléfono entre sus senos para protegerlo de los choros surgió casi de inmediato. Rápidamente estiró el cuello de su dormilona y miró hacia abajo. Supo al instante que sin sostenes no habría marsupio, así que corrió hasta el closet, como pudo se colocó un viejo brassier y chequeó de nuevo. Ya la cosa empezaba a tomar forma. Emocionada, agarró su celular y lo dejó caer entre el espacio que se formaba entre sus senos… ¡plin!… encajó perfecto.

De ahí en adelante, la costumbre de llevar el celular entre los senos se popularizó. Sin embargo, lo que esta visionaria no previno fue la manera en que se vería el teléfono entre sus pechos. A ella y a todas las mujeres marsupiales que caminan por las calles de Venezuela se les forma una especie de esternón anormal protuberante que lejos de disimular el aparato, lo delata tremendamente. Por otra parte, la mayoría de los hombres tendemos a ver hacia esa zona de la anatomía femenina y probablemente los ladrones también, así que difícilmente el celular pasará inadvertido. A eso agréguenle el sudor que seguramente se forma entre los senos luego de un arduo día de trabajo y verán que la técnica no es muy funcional que se diga. De hecho, es patética.

Lo peor es que hay mujeres que sacan el teléfono, escriben un mensaje, lo mandan y luego depositan el celular en el marsupio. Dos minutos después, les vibra el esternón y se meten la mano entre los senos para sacar el aparato. Leen el mensaje que les llegó, lo responden y repiten la dinámica, mil veces en un día. ¿Sexy? Ni de vaina. ¿Práctico? No creo. Entonces, por favor, que alguien me explique por qué hay mujeres que siguen metiéndose el celular entre las tetas. Quisiera saber.

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