Post nostálgico: conciertos (Parte I)

por gustaborracho

Hasta que por fin me libré de esa extraña apatía que cada cierto tiempo me aleja del blog. Supongo que algo tendrá que ver con la edad, a fin de cuentas ya tengo un año más encima y me imagino que a medida que uno se acerca a las camisas cuello duro y las pantuflas peludas, pues también empieza a perder las ganas de contarle cosas a los extraños, en público. Qué sé yo.

Por cierto: Facebook es un arma de doble filo.

En realidad nunca me convenció mucho pero decidí darle un chance y lo aprovechó para demostrarme que aparte de ser la herramienta ideal para propiciar momentos vergonzosos cada vez que alguno de tus “amigos” decide postear una de esas fotos de infancia que nunca debieron tomarse, también es bueno para enviar las entrañables llamadas de cumpleaños directo a la mismísima mierda. ¿No?. A ver, sólo basta dejar un mensaje en el Muro (que desgracia que ese detestable pedacito de página web me recuerde a Pink Floyd) luego de acordarse ver por casualidad el apartado de los cumpleañeros del día y listo, adiós a los reencuentros telefónicos con los amigos y a las invitaciones espontáneas para tomar cerveza. Por suerte, unas cuantas personas lograron safarse del cybermundo en el que se cybersumergen de vez en cuando y celebramos de puta madre… hasta me regalaron tortas heladas, posts, fiestas sorpresas anticipadas y cervezas, muchas cervezas. Joder, ya me puse nostálgico (lágrimas en mis ojos)… creo que escribiré el primero de una serie de posts de los conciertos que vimos Lapapaya y yo hace poco en Europa. Toma ya.

Salomon Burke en Barbican, Londres (3 de Julio):
El primero de una serie de shows que teníamos en mente antes de viajar y que no defraudó, a pesar de que no éramos grandes fanáticos de las bandas que vimos esa noche. Las entradas las compramos el mismo día y fue allí, en la recepción del Barbican, que Lapapaya se enteró del concierto que daría Damon Albarn y sus amigos africanos dos días después, así que compró ambas entradas al instante. ¡Qué contenta se puso!. De hecho, recuerdo haber visto lágrimas en sus ojos mientras leía el folleto con la info del concierto, muchas más que las que derramó cuando descubrió que había internet gratis en la Apple Store de Oxford Circus. Muy emotivo el momento.

En fin, caminamos Londres por un rato y a las 7pm estábamos de vuelta en el Barbican, un centro cultural impresionante (el más grande de Europa, dicen) que organiza conciertos, exhibiciones y conferencias enmarcadas en el ámbito del arte, el teatro, la danza, la música, la educación y el cine. Además venden cerveza y te dejan entrar con ella a los conciertos. No se puede pedir más. Compramos un par de Fosters (creo) y entramos a la sala 6, un teatro de dos niveles con una tarima no muy grande en la que ya estaban dispuestos los instrumentos de Breakestra, un “proyecto amorfo” (en palabras de Miles Tackett, fundador de la banda) que se pasea por el funk, el jazz y el soul a modo de jam sessions, al menos cuando tocan en vivo. Los Breakestra empezaron su set y no pararon sino luego de una hora de concierto en el que despacharon unos 10-12 temas, incluyendo “Burgundy Blues”, el track que suena al inicio del GustaPOD. Esto, por supuesto, fue un detalle que me sacó una gran sonrisa, cómo no?.

El sonido era impecable y a pesar de que estábamos en el nivel superior de la sala, la ubicación y cercanía al escenario era bastante conveniente, más aún si contamos el espectáculo gratuito que nos regaló el tipo que estaba sentado junto a nosotros: un carajo enflusao, medio borracho, que se pasó todo el concierto metiéndose perico, bebiendo de una carterita y tratando de tomar fotos a escondidas. Go team! Total que los Breakestra terminaron su set y media hora después, la sala del Barbican se oscureció nuevamente para dar paso al show del legendario Salomon Burke, miembro del Rock N’ Roll Hall Of Fame y referencia obligada para cualquiera que sienta algo de aprecio por el soul y el R&B. Tom Waits lo describe como uno de los arquitectos de la música norteamericana (la relación entre ambos es bastante curiosa y este artículo cuenta buena parte de la historia) y ese día en el Barbican, Salomon Burke dejó muy claro que el elogio no le queda grande porque no sólo es un músico versátil con un carisma mucho más grande que él (eso ya es mucho decir), sino que además tiene una puesta en escena difícil de superar.

Sobre la tarima había un gran trono dorado rodeado de rosas rojas, un ciego que tocaba el órgano, unas violinistas, dos coristas (la nieta 89 e hija 21 de Salomon Burke) y una sección de metales compuesta por 3 músicos, todos esperando que las luces se apagaran para que el Rey Salomon Burke (así le gusta que le llamen), envuelto en un traje plateado que lo hacía lucir como una papa horneada de esas que venden en Wendy’s, pudiera ser transportado hacia el escenario en silla de ruedas y vaciado sobre su poltrona king-size al ritmo de “Amazing Grace”. Una vez en el trono, empezó la fiesta: “Like a Fire”, “Cry to Me”, “Diamond in Your Mind”, “How I Got to Memphis”, “Don’t Give Up On Me”, “(Sittin’ On) The Dock of the Bay” (cover de Otis Redding) y un medley de “Stand By Me/Wait Till the Midnight Hour/Mustang Sally”, fueron algunas de las piezas que se dejaron colar esa noche. Los músicos, el sonido, las canciones, el público, el sitio y el tipo que se subió al escenario a pulirle la cabeza a Salomon Burke con la toalla que tenía escondida detrás del trono hicieron de este concierto uno de los más entretenidos que he visto en mi vida.

Listo. Uno menos y quedan dos…