La prensa nacional y el bully del colegio

por gustaborracho

Hace algún tiempo decidí que no volvería a leer la prensa nacional con la frecuencia que solía hacerlo. Así es, unos meses atrás anulé por completo el ritual de hojear el periódico temprano en la mañana o chequearlo en internet al llegar a la agencia, entre otras cosas, porque me cansé de leer las notas salvajes de siempre y yo, que soy un paranóico natural, no necesito que nadie acentúe esa paranoia.

Efectivamente hay un problema grave de inseguridad en Venezuela, la crisis mundial existe, la gripe porcina está diezmando gente en los cinco continentes, el cupo de CADIVI apesta, las importaciones se están reduciendo, grandes transnacionales se han visto forzadas a cerrar sus puertas no sin antes patearle el trasero a miles de empleados que ahora están en la calle desempleados, no hay margarina Chifon (que rockea demasiado y la extraño con todo mi corazón), Phil Rudd se fue de AC/DC y mil cosas más están sucediendo justo ahora, pero aún así no quiero que las noticias del día me hagan sentir más miedo del necesario. Shit happens; ya lo sé, lo entendí y trato de tomar mis precauciones pero desde hace algún tiempo ya, procuro no ver ni leer noticias porque me parece que los noticieros locales son como esos bullies que molestan a los niños más pequeños del colegio.

Me explico mejor. Para mí, entre la prensa venezolana y el bully que me quitaba la merienda en el recreo parece haber una cosa que los separa y otra que los acerca: la que los acerca es que ambos me cagaban el día a patadas sin que pudiera defenderme y la que los separa es que a diferencia de la prensa, el imbécil del colegio no mediaba palabras. Cuento esta intimidad, a modo de introducción, porque me parece justo que conozcan los antecedentes que me llevaron a renegar de los medios impresos informativos de este país, mi país, tu país. Más aún cuando hoy, frente a todos ustedes, escribo este post para declarar oficialmente que me equivoqué; para confesar que juzgué mal, que no sabía lo que hacía, que era jóven y necesitaba el dinero.

Hoy estoy acá para compartir con ustedes un evento que me abrió los ojos, un suceso que dejó claro el hecho de que vivimos en otros tiempos, donde la información de primera mano es el plato fuerte del día; ayer, niños y niñas, tuve una especie de revelación que renovó mi fe en la prensa nacional.

¿Y cómo sucedió? ¡Cuéntanos ya!

Si les soy sincero, no me lo esperaba. Me tomó por sopresa. Yo estaba en la agencia, dignificando el oficio publicitario como suelo hacer todos los días, cuando Greta dejó caer en Twitter el link a una una nota publicada en el Diario Últimas Noticias. La bondad del comando “manzanita+shift+4” me permite recrear para ustedes el momento en que supe que debía retomar el hábito de leer el periódico porque obviamente habían cosas de las que me estaba perdiendo:

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La nota en cuestión, como habrán podido darse cuenta, hacía referencia a Paul McCartney. Sir Paul  McCartney. Hasta acá todo bien, excepto por el hecho de que la señora Carmela Longo, la autora del artículo, aparentemente dio por sentado que sus lectores tendrían 10 años de edad en promedio.

Carmela Longo, que probablemente escribe sus artículos en WordStar, decidió que estaría bien publicar una nota de prensa sabiendo de antemano que ninguna de las personas que podrían estar interesadas en leerla iban a creerle. Carmela, que al parecer desconoce los servicios que han hecho de Google la marca más valiosa del mundo (100.000 millones de dólares según reveló un estudio realizado recientemente por Millward Brown Optimor), tuvo la valentía de bajar -a la fuerza y sin éxito- el perfil de un músico que tiene en su haber 50 hits #1 y 400 millones de discos vendidos y que además, a la hora de hacer un cheque por miles -sino millones- de libras esterlinas, podría escribir la palabra “Sir” antes de su nombre, si así lo quisiera.

Carmela, reconozco que me gustaría comentar a fondo cada una de las tonterías que te han dejado publicar pero ya Greta lo ha hecho en un post lleno de referencias históricas que recrea casi a la perfección este divertido episodio publicitario:

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En este caso, tú serías el Audi.

La cuestión es, Carmela, que muchos estamos cansados de leer atrocidades en la prensa. Algunas de ellas, como las enfermedades contagiosas y las muertes violentas por armas de fuego, son inevitables y alguien tiene que hablar de ellas y publicarlas, porque son reales y nos afectan a todos pero no hay derecho a ser emboscado por notas de prensa baratas como la tuya, escrita con ese lenguaje populachero y sensacionalista que nos toma por idiotas.

Dejo esto hasta aquí porque son las 9pm y aún no he cenado, pero antes de irme quisiera decirte -en plan de consejo que puedes tomar o no- que los ignorantes con poder, los bullies, los neo-nazis, los que oyen música a todo volúmen sin audífonos en el Metro, los políticos que juegan a la candelita, las advertencias del FBI que aparecen al inicio de los DVD’s y que no se pueden skipear, las vallas de “¿Sed o no sed?” de Nestea, los Gobiernos que juegan con el dinero y las ilusiones de sus pueblos, las pizzas con anchoas, Paul Gillman y los periodistas sin vergüenza son como una colonia de parásitos que no es combatida con el medicamento indicado: nos estorban y nos contaminan.

Now move on, lady. There’s nothing to see here.