La belleza está en los ojos de quién la ve

por gustaborracho

No es un secreto para nadie: siempre le llego tarde a las películas y a los éxitos de Internet; el que me conoce puede dar fe de eso. Yo ví Lord Of The Rings casi un año después de la última peli de la trilogía, aún no he visto Kill Bill 2 y hace un par de meses fue que descubrí el Instant Rimshot (y encima lo anuncié en Twitter con bombos y platillos, cual primicia). Comento esto, a modo de prólogo, para justificar lo tarde que llega mi review del concierto de Metallica en Caracas. Y cuando digo tarde me refiero a 5 SEMANAS TARDE.

Para compensar, seré breve y me enfocaré en el momento más relevante de la noche: ese que recuerdo con mayor emoción y alegría que el instante en que empezaron a sonar los primeros acordes de “Whiplash”; aquellos minutos que transcurrieron en medio de cajas de cartón, jarras de plástico, acrobacias y trabajo en equipo. Como tan sólo hablar del asunto me conmueve en proporciones que me cuesta describir, ilustraré con fotos:

La cuestión es que yo siempre llevo las de perder en estos conciertos sin gradas (los que me conocen saben muy bien de lo que hablo) pero la brillante idea de ubicar la tarima en el punto más bajo del lugar, empeoró la situación más aún. Tanto que la necesidad de resolver por mis propios medios se hizo inminente y durante el set de Mastodon, Alan y Ram me ayudaron a construir la plataforma que ven en la foto de arriba. A primera vista parece no tener ninguna ciencia pero créanme cuando les digo que bien podríamos haber filmado un episodio de Megaestructuras para vendérselo a NatGeo. Y nos lo habrían comprado.

Ahí donde la ven, la mini-tarima tiene: 15 láminas de cartón cuidadosamente seleccionadas en los alrededores de los kioscos que habían en el lugar, 2 jarras de plástico que conseguimos a cambio de 12 latas de cerveza en promoción y 1 caja protectora que decidimos incorporar a última hora para darle un poco más de cohesión al asunto. Los resultados hablan por sí solos:

Y de esta manera, convertí lo que pudo haber sido una fila infinita de espaldas sudadas y antebrazos peludos en una pantalla gigante con 4 hombrecitos al frente dando una extraordinaria cátedra de trash metal que pude ver y escuchar como lo habría hecho un piloto de la NBA.

Por Dios, ¿qué más podría pedir?

Que Lars logre volver tocar el doble bombo de “One” y “Blackned” como se debe.

Amén.