Broken, Beat and Scarred

por gustaborracho

Llevo todo el día en casa haciendo viajes de la cama al baño, del baño a la cocina en busca de agua y de vuelta a mi cuarto para repetir el ciclo minutos después, todo como consecuencia de una noche de cervezas que por alguna razón se salió de control. Todo empezó a las 4:30 pm con el siguiente mensaje:

IM HERE TONIGHT. BEER?

Mi amigo André, el tour manager de Sepultura, llegó el lunes a Londres y al día siguiente decidimos ir por unas cervezas en Slim Jims Liquor Store, un bar que nada tiene que ver con lo que muestra la página web y que a decir verdad, no es más que el típico fraude fotográfico que inmortalizaron los hostales de Europa pero volcado a la industria del entretenimiento nocturno. En cualquier caso, lo que realmente importa es que el standard musical superaba al de la mayoría de los bares a los que he entrado en los últimos 29 años y más importante aún, en ese lugar empezó lo que más tarde se convertiría en una lección de vida que jamás olvidaré: el rock entrena a la gente y la hace invencible.

Kurt Cobain, Jimi Hendrix, Peter Steele, Jim Morrison y Layne Staynley podrían no estar muy de acuerdo con esto pero yo lo viví y puedo dar fe de ello. Salí de casa a medianoche y como soy un tarado buscando las paradas de autobuses correctas – y además había un atraso de casi 30 minutos en el servicio – terminé llegando al Slim Jims a la 1:40am, cuando ya André tenía horas tomando Jack N’ Coke y el bar estaba a punto de cerrar. Igual me dio chance de tomarme una cerveza antes de que nos corrieran y una vez en la calle, decidimos tomar un taxi e ir a Crobar, un lugar con una página web más honesta y aparentemente un clásico de la movida underground de Londres, al que André recuerda haber ido con Bruce Dickinson unas cuantas veces, por ejemplo.

A estas alturas, es crucial para el desenlace de la historia que hagamos un pequeño alto y contabilicemos los tragos que cada quien había ordenado hasta el momento:

ANDRÉ: 7 Jack N’ Coke y 1 pint de cerveza.
YO: 1 pint de cerveza.

Sigamos. Una vez en Crobar pedimos 2 cervezas cada uno y luego el barman, en un destello de amabilidad que jamás le perdonaré, nos regaló 4 shots de tequila. Por suerte, un borracho y su chica estaban sentados prácticamente en nuestras piernas y ya que había tanta confianza, pues compartimos los shots y terminamos tomándonos uno cada uno. Se hicieron las 4am y para rematar la noche decidimos pedir una última cerveza, hasta aquí todo bien. En serio.

Salimos de Crobar, hablamos un rato más, busqué mi parada de autobús, nos despedimos y cada quien se fue a casa. Contemos de nuevo:

ANDRÉ: 7 Jack N’ Coke, 4 pints de cervezas y 1 shot de tequila.
YO: 4 pints de cervezas y 1 tequila.

El trayecto en autobús desde Tottenham Court Road a Camden Town: perfecto. El trayecto en autobús desde Camden Town a Brecknock Road: perfecto. El trayecto a pie desde Brecknock Road a mi casa: perfecto. El trayecto desde la puerta de mi casa a la cama…

Y estuve viendo así HASTA LAS 8AM.

Y no sólo eso sino que el resto del día lo pasé fatal, con viajes intermitentes al baño, la sensación de que aún había mucho alcohol en mi cuerpo y experimentando una incómoda dicotomía: cuando me acostaba por unos segundos, me sentía bien y me provocaba prepararme algo de comer; en lo que me levantaba, me mareaba y me apetecía vomitar. Lo que más me jode es que André con todo lo que bebió estaba más sobrio de lo que estoy yo ahora, un día después del episodio. Fue ahí cuando realmente caí en cuenta de la ventaja: André tiene 9 años como tour manager en una industria con una reputación de excesos que posiblemente ninguna otra podría superar. Son 9 años de conciertos, after-parties, tourbuses, festivales, giras con Motorhead, con Metallica, con Iron Maiden, con Slayer, con Anthrax, con Crowbar y con prácticamente todas las bandas de trash metal en prácticamente todos los rincones del mundo.

Eso y el hecho de que yo, por lo visto, soy una mamita.