Tengan la bondad de mostrarnos las tetas (Pt. 2)

por gustaborracho

De vuelta al Sonisphere. El segundo día llegué más temprano porque no quería que me pasara con Slayer lo que me pasó con Anthrax así que a la 1pm ya estaba frente al stage principal, justo a a tiempo para ver a Skindred, una banda que no conocía pero que para haber estado envuelta en papel aluminio y liderizada por un tipo con pinta de animador de Plan Vacacional que se rebusca traficando drogas en alguna isla del Caribe, no estuvo tan mal. De hecho, a juzgar por las reacciones del público podría decirse que hicieron su trabajo.

Luego de Skindred llegó uno de los mejores momentos del día: el instante en el que la señorita de la foto se puso a mi lado y decidió pasar las siguientes 7 horas frotándose eufóricamente contra mi cuello, hombros y ocasionalmente… (hip, hip) parte de mi cara. (¡hurra!)

El tipo de situación que me hace sentir que estoy a la altura de las circunstancias.

De ahí en adelante nunca más me moví del sitio, no sólo por las tetas sino porque si observan bien la foto, lo que hace las veces de asiento es en realidad la placa de metal que sirve de base para la baranda que está frente a la tarima; en otras palabras: FRONT-FUCKIN’-ROW. Esto era particularmente emocionante porque se trataba del último día del festival, con Iron Maiden a cargo del final y 50.000 personas eufóricas esperando ver lo que sería la única presentación de la banda en el Reino Unido este año.

Claro, estar en primera fila en la Apollo Stage implicaba perderse lo que pasaba en los otros 4 escenarios del Sonisphere pero ese era un precio que estaba dispuesto a pagar. De hecho, sólo lamento no haber podido ver a Henry Rollins (spoken word) y a Iggy Pop & The Stooges pero qué le vamos a hacer, era una cosa o la otra. Después de Skindred vino Slayer…

No los había visto antes y debo decir que sonaron muy bien, pero de alguna manera el poder parecía no estar ahí por completo. Siguen siendo hardcore, siguen propinando riffs pesados e incluso siguen teniendo la misma actitud de metaleros hijos de puta con los que no quisieras tener que pelear jamás en tu vida, pero aún así les faltó algo. Juventud, posiblemente. Eso sí, “Raining Blood” y Angel of Death” sonaron increíbles, con todo y que Tom ignoró por completo el grito del principio. Al final del día fue un buen show que la gente supo agradecer con las clásicas manifestaciones de afecto que acompañan este tipo de encuentros.

Luego llegó el turno de ver a Alice In Chains, a quienes por cierto les debía una disculpa por no haberme molestado en escuchar ni una sola canción de “Black Gives Way to Blue” antes del show. La cuestión es que yo tengo una pésima memoria y hasta hace un par de días, sólo 200MB de espacio libre en el disco duro así que entre una cosa y otra nunca me bajé compré el disco y lo pasé a mi compu para escucharlo. Pero eso ya no importa, lo que realmente interesa es que me dejaron claro que William DuVall se siente como en casa, que el nuevo material es bastante digno (sobre todo “Check My Brain”) y que Jerry Cantrell es el puto amo.

Hasta aquí, todo bien: estaba en mi primer gran festival inglés, había visto por primera vez a Slayer y Alice In Chains, la vecina seguía arrecostándose a mí sin compasión ni vergüenza alguna y mi quinto directo de Iron Maiden estaba a la vuelta de la esquina pero a medida que el día transcurría, el precio por mantenerme en primera fila aumentaba de forma implacable; el problema ya no era perderme las bandas de los otros escenarios sino verme forzado a ver la que faltaba por tocar en el que estaba frente a mí: Pendulum.

Yo nunca había sentido la necesidad de usar tapones en los oídos estando en un concierto pero ese día en Sonisphere, lo de los tapones era una cuestión de vida o muerte. Recuerdo que la primeras notas del show de Pendulum estuvieron a cargo del cabrón del teclado y fue un tono grave, como el más grave que podría haber salido del bajo de Cliff Burton pero versión Ministry Of Sound multiplicada por mil. Bajo electrónico discotequero A TOPE.

Empeoró la situación el hecho de estar justo frente a las decenas de cornetas que amplificaban el sonido lo suficiente como para que las 50.000 personas que se reunieron en Sonisphere esa noche estuvieran completamente satisfechas con el precio que habían pagado por su entrada. A los pocos minutos, era evidente que habían 2 alternativas: irme hacia atrás y echar a la basura las 4 horas de custodia ininterrumpida de la primera fila (y ni hablar de la vecina) o buscar la manera de suavizar el ruido antes de que la onda expansiva me desintegrara. Opté por la última e improvisé unos taponcitos con una servilleta que la vecina amablemente me hizo llegar (ya ven, además de tetas también tenía corazón) y así aguanté hasta que finalmente alguien del staff del festival me sacó de la miseria en la que estaba.

FELICIDAD ABSOLUTA.

Eventualmente Pendulum terminó su set y la mesa quedó servida para que Iron Maiden me retribuyera con gloria lo que yo había pagado con sangre. Ahora bien, quiénes me conocen saben que no suelo ser muy objetivo cuando hablo de Iron Maiden así que para no aburrir, voy a tratar de hacer un balance honesto del show y así termino con este post de una vez por todas. Allá voy:

– No me gustó el escenario espacial, no me gusta la portada de “The Final Frontier” y “El Dorado” es posiblemente una de las peores canciones del disco, con lo cuál no entiendo por qué decidieron incluirla en el setlist.

– Estuvo genial que hayan decidido tocar canciones de “Brave New World” e incluir además temas de “Dance Of Death” porque nunca ví la gira.

– Adrian Smith está on-fuckin’-fire.

– El único solo de guitarra que Janick sabe tocar es el de “Blood Brothers”. Y de qué manera.

– Nicko envejece y a veces se nota pero lo que hace con “Wrathchild” es increíble.

– Deberían cerrar todos los conciertos con “Running Free”.

– Doug Hall es un genio.

– Ver a Iron Maiden en suelo inglés es una suerte de ritual. No sé qué es exactamente pero solo el hecho de estar ahí ya es suficientemente memorable.

Y ya está. A pesar de los discos de mierda que han sacado últimamente y esa estúpida fijación que tienen con el rollo progresivo, Iron Maiden sigue siendo una de mis bandas favoritas y verlos en vivo creo que será algo que siempre voy a disfrutar, aún cuando no se note mucho en los reviews que hago. Y es curioso, el mismo día del concierto, cuando fui a su casa a buscar las entradas, Ross Halfin me preguntó (con cierta cara de asco) algo como: ¿Y a ti todavía te gusta Iron Maiden?

Luego de un par de segundos de silencio, le respondí: Nah… ya no tanto.