Término medio

por gustaborracho

Llevaba 2 semanas aplazando sin vergüenza alguna el post que justo en este momento vuelvo a retomar y lo hago minutos después de leer las primeras líneas de este otro post, que aún cuando no ha sido directamente dirigido hacia mí, por alguna razón ha tenido un efecto en plan portada del Vulgar Display Of Power, sobre todo la parte de “blogs muertos de asco, hijosdeputa”. Se me ha hecho imposible no mirarme en ese espejo. En cualquier caso, lo importante es que estoy aquí, sentado frente a mi computadora, tecleando mientras escucho el Pretty Hate Machine y espero que unas chuletas de cerdo se descongelen para cocinar mi almuerzo. Son las 5:06 pm.

Quizá ya estén listas, iré a echar un vistazo.

(voy a la cocina y las encuentro a medio camino. Han pasado 7 horas desde la última vez que comí y muero de hambre así que en el mismo estado en que las consigo, las echo en un sartén y empiezo a cocinarlas con algunos vegetales. Hago también una ensalada y papas fritas. Una hora y media después, regreso a mi cuarto y me siento de nuevo frente al teclado)

Es curioso pero con la comida congelada me pasa lo mismo que con la comida que a veces recalentaba en el microondas: no tengo paciencia para darle el tiempo que necesita y la mayoría de las veces la pongo al fuego mucho antes de lo que debería. En el caso de la carne congelada, lo normal es que desespere cuando faltan al menos 20 minutos para el deshielo. Lo más grave del asunto es que al final lo que cocino no sabe (tan) mal, con lo cual se crea un círculo vicioso del que dudo pueda salir muy pronto. Vivir solo hace que uno se acostumbre fácilmente a este tipo de cosas.

Por cierto, el lunes se cumplieron 3 meses de mi mudanza a Londres y el balance que hago es que, a pesar del clima de mierda y lo ridículamente costoso que es todo, disfruto mucho vivir en esta ciudad. Me hace ilusión salir de casa, caminar hacia la parada de autobús y saber que en menos de 5 minutos estaré camino al lugar donde voy sin mayores problemas; me agrada toparme con tiendas de antigüedades y pasarme horas detallando cosas que sé de antemano que no compraré pero que me resultan tan curiosas que no me molesta pretender que puedo gastarme cientos de libras en ellas; me gusta caminar por la calle y ver niños en monopatín yendo al colegio o señores mayores paseando en bicicleta a las tantas de la madrugada, todos tranquilos y sin el constante temor que impone vivir en una ciudad brutalmente lacerada por la violencia. Suena cursi y dramático a la vez pero los que me leen en Venezuela saben muy de lo que hablo.

Por otra parte, me jode muchísimo no poder trabajar como lo hace la gente normal. Me explico, a principios de este año el Gobierno Inglés decidió reducir el número de horas semanales que los estudiantes como yo podemos trabajar en el Reino Unido; hicieron una reforma y las llevaron de 20 a 10, es decir, ahora sólo se puede trabajar medio-medio tiempo. Ridículo. No dudo que tengan sus razones y en honor a la verdad, yo acepté venir bajo esas condiciones, pero lo cierto es que la medida no me resulta del todo justa. De cualquier manera, las reglas son las reglas y sinceramente prefiero quedarme aquí. Tarde o temprano algo saldrá y podré empezar a hacer algo de dinero.

Tan convencido estoy, que hace un par de semanas mi optimismo neutralizó cualquier rastro de sensatez y me animó a pagarle a los de Easyjet para que me llevaran a Madrid. Verán, este es uno de los problemas de vivir en Europa: cualquier excusa es suficiente para darle una patada en el culo a la lógica, pillarse en Internet un boleto de avión y en pocas horas aterrizar en cualquiera de los cientos de destinos que las decenas de aerolíneas de bajo presupuesto ponen a completa disposición de los viajeros compulsivos como yo. No estoy muy seguro pero creo que este ha sido uno de los paseos más caprichosos que he hecho en mi vida*, entre otras cosas porque como ya advertí, plata no es precisamente lo que me sobra en estos momentos y estoy seguro que lo que gasté en Madrid me va a hacer mucha falta cuando llegue la hora de pagar la renta este mes. Aún así, no siento el más mínimo remordimiento; este viaje se apunta fácilmente en el Top 3 de mi conteo personal de visitas a Madrid.

La vez anterior, la tercera, incluyó pases VIP para ver -en primera fila- durante 2 noches seguidas a Metallica en el Palacio de los Deportes con mi amigo Fran (uno de los fanáticos más dedicados que conozco) y una tarde de shopping con Ross Halfin en la Calle de la Montera, lo cual da una idea del tipo de cosas a las que esa ciudad me tiene acostumbrado. Esta vez, la excusa fue EELS, una banda a la que desde hace un par de años tenía muchísimas ganas de ver en directo (sentimiento que se potenció luego de leer Things The Grandchildren Should Know). Los pocos que siguen este blog tal vez recordarán que hace un par de meses comenté que vería a EELS en Londres y Madrid pero entre aquel post y éste, ha ocurrido algo extraordinariamente vergonzoso: pusieron a la venta las entradas para el show de Brixton y yo nunca compré la mía.

La cuestión es que en Julio, cuando me enteré que tocarían en Londres, me parecía muy apresurado comprar entradas para un concierto que se haría en Septiembre, más aún estando relativamente justo de dinero, así que decidí esperar a que se hiciera efectiva una transferencia que tenía pendiente en aquel entonces para luego comprar el ticket. El refuerzo llegó pero entonces tenía que buscar un lugar para mudarme, y pagar el depósito y primer mes de renta de la habitación donde estoy viviendo ahora, con lo cual tampoco me parecía prudente gastar dinero en conciertos. Eventualmente llegó la fecha del show en Londres y caí en cuenta que ya no podía darle más largas al asunto así que fui a comprar la entrada y como era de esperarse, no conseguí ninguna. Agotadas por completo.

¿Qué hice yo? Entrar en pánico, por supuesto. Llamé a Fran y le pedí que me comprara una entrada para el show en Madrid, luego me fui a Easyjet.com y compré un boleto ida y vuelta con 9 días de diferencia entre cada trayecto. Ya está, problema resuelto: antes de llegar al aeropuerto y en menos de 10 minutos me gasté 3 veces lo que me habría costado la entrada para el concierto de Londres si la hubiese comprado cuando tenía que hacerlo. Como ven, de trabajo no es de lo único que ando corto en estos días.

El reloj de mi compu marca las 12:45 am. Vaya mierda, se me ha hecho tarde de nuevo. Es uno de los inconvenientes de este déficit de atención tan implacable que sufro, empiezo a escribir algo a las cinco de la tarde y casi 8 horas después aún no lo termino. Hay más, por supuesto, pero de momento se quedan con este post incompleto que no tiene fotos ni videos.

 

(*) Hice memoria y definitivamente hay un viaje aún más caprichoso: fue en Marzo de 2009 y consistió en una visita relámpago a la ciudad de Buenos Aires para ver a Iron Maiden en la primera etapa de la Somewhere Back In Time Tour. Recuerdo que dije en la agencia donde trabajaba en aquel entonces que tenía que atender asuntos personales impostergables en la ciudad donde vivía antes de mudarme a Caracas y a la semana siguiente me fui a la Argentina. Partí un jueves por la noche, hice una escala de 8 HORAS en Sao Paulo y finalmente llegué a mi destino el viernes por la tarde pero no pude librarme de mi maleta hasta bien llegada la noche porque la chica que cordialmente me había invitado a quedarme en su apartamento trabajaba hasta tarde. El sábado fui al concierto (ése donde escupieron a la hija de Steve Harris por tener una banda de mierda y encima aprovecharse de su padre para pegarse una gira en decenas de ciudades donde nadie realmente tenían interés alguno de verla), luego me comí el choripan más asquerosamente grasiento de mi vida, me tomé al menos 3 litros de Quilmes y un helado en Freddo para regresar a Venezuela al día siguiente, temprano por la mañana. Resumen: 22 horas de vuelo y 400$ en 3 días. Toma ya.

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