BE.EME.UVEDOBLE

por gustaborracho

En aquel momento habrían unos 15 grados, viento y lluvia con matices huracanados e incluso un par de relámpagos escoltados por un estruendo brutal. Estaba casi seguro de haber escuchado través de los altavoces las palabras “aterrizamos” y “Madrid”, juntas en la misma frase, pero lo que estaba viendo por la ventanilla empañada del avión no se correspondía con ninguna. Miento, con la primera sí: en ese momento, la sensación que me daba era que luego de 2 horas de vuelo habíamos aterrizado de nuevo en Luton.

Jamás había llegado a Madrid con un clima tan miserable, lo cual era una putada considerando el número de veces que le eché en cara a mis housemates esto de irme de vacaciones a una ciudad donde en otoño hace más calor que en Londres en verano. El mal tiempo duró sólo un par de días, que fueron suficientes para propinarme un resfriado del que a duras penas pude librarme la semana pasada, pero aún así los días en Madrid fueron estupendos. Tanto que no tengo muy claro cómo empezar a documentarlos en este post, lo que me lleva a pensar que tal vez la manera más práctica de hacerlo sea por episodios. Como los de NEXT.



RAFA, 32

– Lleva chorus y flanger en su rack de efectos
– Peregrina todos los años a Mallorca en busca de diversión y fotos de tetas
– Es fan del Red Bull Light, las claritas y “Mujeres Ricas”

A Rafa lo conocí hace 4 años cuando fue a dar clases en Zink!, una escuela de creativos en la que estuve haciendo algún curso de verano, y a decir verdad, nunca lo había visto por más de 15 minutos antes de esta visita. Es lo fascinante del e-mail, o de la tecnología en general. Intercambiábamos correos con relativa frecencia, uno comentaba los posts del otro e incluso como muchos sabrán, Rafa fue el primer invitado de la nueva temporada del GustaPOD (episodio que hace poco superó las 500 descargas, por cierto) pero por alguna razón mis encuentros con este legendario ser humano, por el que siento una admiración y aprecio infinitos, siempre duraban instantes. Eso sí, pocos minutos eran suficientes para que camináramos hacia alguna calle cerca de Sol, nos sentáramos a tomar unas cervezas y de pronto presenciáramos cómo un portal del tiempo se abría frente a nuestros propios ojos. Uno de esos momentos en los que la realidad supera a la Ciencia-Ficción.

En cualquier caso, este año no sólo coincidimos por más de un cuarto de hora sino que además Rafa y su novia Paula tuvieron la amabilidad de recibirme en su casa, que es lo más cercano que he estado a un hotel 5 estrellas en mi vida. Habitación con terraza y sala de ensayo, wifi, Guitar Hero Metallica, variedad de revistas de vanguardia en el baño, espacios cuidadosamente decorados, conveniente ubicación y lo más importante de todo: atendida por sus propios dueños. Y ni hablar de la extraordinaria oferta de entretenimiento para adultos, una de las mejores de la zona. También había cerca una pizzería increíble cuyo nombre no recuerdo (pero le pueden preguntar a Rafa cuando lo vean en la calle) y un bar muy tranquilo que un domingo por la noche de pronto se llenó de gente muy extraña, una de ellas incluso nos pidió que la acompañáramos en una foto y nosotros aceptamos aún cuando no teníamos ni puta idea de quien era. Seguro que ahora mismo Quico, Curro y yo estamos en alguna página tipo VotaMiCuerpo recibiendo ochos y nueves,  y nosotros ni pendientes.

Qué decir, fue una estancia sin puntos bajos. Muchísimas gracias a ambos, fue todo un placer. Y algún día quiero tener una casa como la vuestra.

QUICO, 25

– Su camiseta favorita tiene el dibujo de un iPhone en esteroides donde los íconos de las aplicaciones han sido reemplazados por -wait for it- íconos de Francia
– A los 16 se compró unas converse rojas para parecerse a Eddie Van Halen
– Sus amores platónicos son Sara Carbonero, Raúl González, el flanger y el chorus

A Quico lo conocí antes de conocerle. Lo que acabo de decir bien podría haber salido de la boca de Verónica Velásquez pero a decir verdad, es la mejor manera que consigo para describir la historia entre este gigante del humor lowcost y vuestro humilde servidor. Explicarla me obligará a mencionar el GustaPOD por segunda vez en el mismo post, lo cual seguro malinterpretarán como un autobombo descarado, así que para no hacerlo tan coñazo seré breve: Quico fue la dupla de Curro en el episodio 4, que surgió como consecuencia de la recomendación de Rafa en el episodio 1 (joder, me siento George Lucas cuando hablo del GustaPOD). Lo que quiere decir que antes de conocerle personalmente ya sabía que quería follarse a la vecina del piso 8, que sostenía una guerra territorial con la vecina de la ventana opuesta a la de su casa, que de chico estaba convencido de que las piscinas de los barcos eran agujeros por los que podía colarse un tiburón y como ésas, millones de otras historias que al final de la grabación me hicieron sentir que le conocía desde siempre.

Y la impresión cuando finalmente quedamos para tomar unas cervezas fue exactamente esa. El muy cabrón es un genio.


CURRO, 24

– Sus hobbies son ir de shopping y salir de fiesta
– Jura haber viajado en el tiempo
– Su palabra favorita ahorita mismo es EDECANA

Sin lugar a dudas, el MVP de esta historia. A Curro lo conocí el año pasado luego de uno de los conciertos de Metallica que mencioné en el post anterior. Rafa, Curro, Fran y yo fuimos a un bar cercano al Palacio de los Deportes y si mal no recuerdo, en aquella oportunidad el encuentro duró, como mucho, 20 minutos. La genética es implacable.

Luego surgió lo del GustaPOD (esto ya se salió de control) y de ahí en adelante nos mantuvimos en un contacto bastante regular. Pero aún así, a Curro sólo lo había visto una vez en mi vida y por menos de media hora. ¿Le impidió eso ponerme a la orden su casa para quedarme la mayor parte de mi estadía en Madrid? POR SUPUESTO QUE NO.

Verán, como la desición de viajar a Madrid la tomé en segundos, luego que compré el pasaje y la entrada para EELS no tenía ni idea de dónde iba a dormir cuando estuviese allá. Un par de e-mails después, todo estaba resuelto: me quedaría unos días en casa de los padres de Curro (que me hicieron sentir como si por nuestras venas corriera la misma sangre) y otros en casa de Rafa. Como yo sólo viajo bajo la modalidad de bajo presupuesto, elegí el vuelo de Easyjet que salía las 6:30am (la hora más miserable que había disponible), lo que implicaba llegar a Madrid temprano en la mañana. ¿Le impidió eso a Curro esperarme en el aeropuerto a pesar de los efectos medianamente devastadores de una larga noche de fiesta? EN ABSOLUTO. Nueve de la mañana y ahí estaba.

Unas horas después, luego de comer algo y descansar unos instantes, la inofensiva idea de ver televisión desató lo que rápidamente se convertiría en compromiso ineludible al que asistíamos con ilusión todas las tardes; un ritual que rayaba en lo absurdo: a las 2pm, Curro y yo teníamos que sentarnos a ver episodios de Invasores y Next, uno tras otro.

JO-DER.

No lo sospechaba cuando me senté frente al televisor la primera vez pero esos 60 minutos de programación se transformaron en heroína pura. Explicarlo con palabras no es suficiente, este tipo de cosas hay que verlas…

El capítulo anterior fue uno de nuestros favoritos (gracias a un segmento en particular que por desgracia no aparece en el clip de arriba) pero los 2 episodios que verdaderamente me marcaron para siempre no aparecen por ningún rincón de la Internet. No sabría explicar por qué me divertía tanto ver aquello pero la conclusión a la que llego es que me entretiene muchísimo ver a la gente haciendo el ridículo, mucho más si es a cambio de un par de euros. Eso sencillamente me resulta maravilloso.

Aparte de ver miseria pública de bajo presupuesto en televisión por suscripción, Curro y yo también salíamos de fiesta con una pandilla de la cual no podría hablar en menos de 1 ó 2 posts; no les haría justicia, son todos unos cracks y me hicieron pasar una semana de puta madre. Que lo sepan.

También comí y bebí, mucho. Por alguna razón surgieron muchas invitaciones esta vez… cervezas con Fran, cena con Jan y Magalí, almuerzo con mi prima y su novio, almuerzo con Ángela y su esposo y almuerzo con Nieves, quien me llevó a comer antes de salir de viaje a Rusia. A Nikki la “conocí” el año pasado mientras ella cantaba Respect y yo la miraba a través de una pequeña ventana a 7000 Km de distancia.  El documento en cuestión está colgado en Blip.tv que por alguna razón no se la lleva bien con WordPress, pero por suerte hay una versión más reciente en YouTube que me sirve para darles una idea de mi impresión en aquel momento…

De ahí en adelante, nunca fui el mismo. El amor a primera vista existe.

Justo el día que me encontré con Nikki, vi a EELS en La Riviera, un sitio pequeño con buena acústica y un bar con palmeras casi en plan Miami Vice. Al menos eso recuerdo. Llegué temprano porque no tenía mucho más que hacer, con lo cual terminé en primera fila justo frente al escenario, un detalle que siempre se agradece cuando mides lo que yo mido y tienes ante tus ojos una de las bandas más extraordinarias de nuestros tiempos. Es una pena que los piratas madrileños no se hayan esforzado lo suficiente como para que yo ahora pudiese colgar los videos de la seguidilla Souljacker, Part I + Talkin ‘Bout Knuckles + Mr. E’s Beautiful Blues + I Like Birds + Summertime + Looking Up, que se sintió como uno de esos combos de golpes que se podían hacer en Street Fighter. Afortunadamente, hay al menos un par de videos que sirven para recapitular a medias lo que sucedió aquella noche:

Ahora bien, no todo fue gloria, comida, cerveza, risas, conciertos, españolas en falditas, bombos y platillos, no señor. En Madrid algunas cosas andan muy mal. Y no hablo de la crisis económica, ni del desempleo, ni de las huelgas de trabajadores ni de la cuenta de Twitter de Sergio Rámos ni cualquiera de esas menudeces. Estoy hablando de ESTO:

Han quitado el Dunkin’ Donuts que estaba en Callao y han puesto un Swarovski. PUTAMIERDA.

Juro que por momentos sentí que el mundo se venía abajo cuando salí a la calle en busca de mi desayuno madrileño de siempre (combo 1 – Boston Chocolate y café a 1,90 euros) y me consiguí con una tienda que vende… que vende… no sé ni qué coño vende pero con toda seguridad no son donas rellenas de Nutella.

Es curioso, pero en el preciso instante en que me paré frente al exitinto Dunkin’ Donuts, entendí perfectamente por qué los Jevis de Gran Vía llevan nosecuantos años reuniéndose frente al Bershka, lugar donde solía estar Madrid Rock. Es una mezcla de nostalgia e indignación muy jodida que quizá la próxima vez me lleve a apostarme frente a la tienda con una bandeja de donas en una mano y un vaso gigante de café en la otra.

En cualquier caso, ya debo llevar más de 20 minutos escribiendo este post así que me toca elegir: una segunda cita o salir huyendo con la pasta. De pronto experimento flashbacks en blanco y negro, escucho voces con eco, veo como algunos momentos del pasado se reproducen nuevamente ante mis ojos muy rápidamente.

(segundos de silencio)

Voy a por una segunda cita, con todos, en Diciembre.