La memoria de los correos-e

por gustaborracho

Mi primera cuenta de correo electrónico la abrí al menos hace 15 años. Me apunté en Hotmail con una dirección súper teenager que usé por muchos años pero que poco a poco fue quedando relegada a medida que otras ofertas aparentemente más prácticas y modernas empezaron a surgir, como la de Yahoo!, servicio al que me apunté replicando el nombre de usuario de mi cuenta de Hotmail. El mismo login y el mismo password, así de sencillas eran las cosas en aquel tiempo.

Tenía entonces 2 direcciones de correo electrónico que alternaba dependiendo del tipo de cosas en Internet a las cuáles las tuviera asociadas. Por ejemplo, chequeaba mi cuenta de Hotmail para ver mensajes que me llegaban de hi5 (da muchísima vergüenza hablar del asunto así que por favor, no hagamos de esto un escándalo)  y revisaba la de Yahoo! cuando estaba a la espera de alguna notificación de CADIVI (siglas que sólo tendrán sentido para los venezolanos. Amigos extranjeros, la historia es muy larga y absurda como para contarla; además, no se pierden de nada), con lo cual ambas direcciones se mantuvieron relativamente activas durante un buen tiempo. Luego llegó Gmail y fue entonces cuando todo cambió drásticamente: nunca más usé Hotmail  y la cuenta de Yahoo! quedó prácticamente destinada para recibir correos del Gobierno en los que me informaban si me habían aprobado o no los dólares que cada tanto tiempo les pedía.

Sin embargo, nunca hice un anuncio oficial. La gente a la que solía escribirle desde Hotmail o Yahoo! sencillamente dejó de recibir correos desde esas direcciones y empezó a recibir mensajes con el sello de Google. Con el tiempo, supongo que todo el mundo se fue acostumbrando al cambio pero desafortunadamente, como pude comprobar la semana pasada, la mayoría de estos servicios de e-mail no sólo memorizan todas las direcciones de correo asociadas a cada remitente sino que las muestran como alternativas cuando el usuario decide redactar un mensaje. Por ejemplo, si la misma persona me ha escrito en algún momento desde direcciones de correo diferentes, cuando yo decida enviarle un e-mail y empiece a tipear su nombre en la casilla del destinatario, automáticamente el sistema me mostrará las direcciones de correo asociadas a ese nombre y yo tendré que seleccionar cuidadosamente para enviar mi comunicación a la cuenta correcta.

Ahora bien, ¿por qué en pleno año 2010 yo estoy haciendo un repaso de la dinámica básica bajo la cual opera una herramienta que empezó a utilizarse en 1965? ¿A donde quiero llegar con todo esto? ¿Cuál es mi punto?

¡PUES MI MALDITO PUNTO ES QUE LA MEMORIA DE LOS CORREOS ELECTRÓNICOS ES UNA GRANDISIMA MIERDA!

Así es, esa habilidad que tienen los servicios de e-mail de almacenar todas las direcciones de correo vinculadas a una misma persona es una putada y les explicaré por qué. Hace unas semanas me enteré que Elms Lesters Paintings estaría exhibiendo buena parte de las fotografías que Jimmy Page pasó 2 años eligiendo cuidadosamente para finalmente recopilarlas en un libro autobiográfico lujosísimo del cual se editaron tan sólo 2500 ejemplares, producidos y firmados por el mismísimo James Patrick Page, todo esto para promover el lanzamiento del libro, que por cierto cuesta muchísimo más que un mes de renta en el lugar donde estoy viviendo.

La cuestión es que cómo no tenía muy claro si era un evento privado o una muestra abierta al público, le mandé un e-mail a Ross (que es muy buen amigo de Jimmy) y le pregunté si sabía algo al respecto pero no me contestó. Asumí entonces que no sólo era una reunión privada sino que posiblemente hasta había sido un error preguntar; pensé que tal vez Ross había tomado mi mail como una imprudente insinuación para que me invitara a un evento que estaba bastante fuera de mi liga o algo así. Vamos, me lié y decidí no preguntar más por el asunto.

La fiesta de lanzamiento pasó, Ross se fue a Australia con Metallica y yo me olvidé por completo del tema…. hasta el jueves pasado. Como estaba esperando noticias de CADIVI, decidí chequear mi cuenta de Yahoo! y lo primero que veo en la bandeja de entrada es esto:

Nudo en la garganta y un silencio ensordecedor. Rápidamente empiezo a hacerme una idea pero una parte de mí decide negarse a creer lo que claramente sugería el titular del mensaje. Hago click casi por inercia y me encuentro con un attachment y esta línea de texto:

You are on the guest list.

Abro el archivo adjunto casi en contra de mi voluntad…

LARECONTRAPUTAQUELAPARIO

A Ross le hicieron llegar la invitación, me la fue a reenviar, el puto correo le dio a elegir entre mi dirección de Yahoo! y la de Gmail y por error la envió a la dirección que nunca chequeo. Y yo me di cuenta una semana después, cuando ya no había nada que hacer más que echarme a llorar en posición fetal dentro de la bañera, que es precisamente lo que he hecho desde entonces.

Cuando me lleno de fuerzas suficientes como para sobreponerme a este revés, salgo a la calle para distraerme. El sábado fue uno de esos días. Me acordé que había una feria de discos en Olympia y decidí ir a curiosear aún cuando no colecciono viniles ni tengo dinero para comprarlos. Llegué y el lugar estaba repleto de señores mayores con pelo largo vendiendo discos de acetato rarísimos, posters de colección, camisetas vintage, boxsets, you name it. Decido dar una vuelta y no habiendo caminado 15 metros, me consigo a Jimmy comprándole afiches a un amigo de Ross que conocí hace unas semanas y que se dedica a vender discos y posters de colección. Jimmy me mira, me reconoce y me saluda con entusiasmo. No me lo creo. Hablamos por unos minutos, incluso bromeamos (Jimmy estaba dentro del stand, del lado del vendedor, así que jugó al mercader por unos segundos ofreciéndome discos que supuestamente eran de su colección personal) y nos despedimos como se despiden un par de amigos que están seguros de que se volverán a ver pronto, una sensación que sigo encontrando rarísima. Es decir, ahí estaba yo con Jimmy Page otra vez y aunque la impresión es siempre la misma (gigantesca), cada acercamiento empieza a sentirse cada vez más normal y eso por alguna razón me resulta mucho más emocionante que el mismísimo encuentro.  No sé cómo llegué a este punto pero ya les digo, estoy muy contento.

Por cierto, hablando de alegrías, el nuevo libro de Ross está a la venta y es INCREÍBLE. Se llama Ultimate Metallica y es una colección de fotos tomadas entre 1985 y 2010, algunas inéditas y otras que al parecer ya habían sido incluidas en sus libros anteriores (uno editado en 1996 y otro en 2006, si no me equivoco). En cualquier caso, quiero dejarles algo bastante claro: este libro va más allá de las fotos, que desde mi punto de vista no son más que recursos extraordinarios para contar una historia que lo es mucho más. Y queda claro desde el principio, con prólogos a cargo de Lars, Peter Mensch (fundador de Q Prime, la empresa de management que ha trabajado con Metallica desde 1984) y Ross, un trío de introducciones que es sencillamente fascinante (una palabra muy muy gay que sólo uso cuando no hay ninguna otra que le haga justicia).

Adicional a eso está el inteligente detalle que tuvo Ross al incluir pequeños comentarios de las sesiones; textos que llevan las fotos que todos hemos visto durante años, a otro nivel. El ejemplo que recuerdo con más gusto está en las primeras páginas del libro: Metallica frente a un Donington Festival hasta el tope, con la tarima repleta de botellas plásticas, papeles y cuanta mierda se puede lanzar sobre un escenario. A primera vista no supe muy bien de qué se trataba y pensé que era anarquía sin más, pero cuando leí las 3 líneas de texto debajo de la foto de James, una sonrisa del tamaño de Rusia se me dibujó en la cara:

“Classic ‘Tallica. Look at all the debris on the stage. And I love the fact that you can see all this crap, this rubbish, everywhere. Remember, they were opening for Bon Jovi”

TOMA YA. Toda esa basura, toda esa mierda viene de un grupo de adolescentes glam que esperaban ver a Bon Jovi y se han conseguido con estos 4 tipos metiéndoles una patada en la boca. Los pone inmediatamente en un pedestal y te hace sentir orgulloso de ser fan de Metallica. En fin, es un gran libro que he disfrutado mucho. Además, me lo regaló The Master himself, con dedicatoria y demás.

Muy bien, ya son las 10pm, hora en la que religiosamente voy a la cocina en busca de un bowl de cereal con leche para regresar a mi laptop segundos más tarde y engullirme al menos 3 ó 4 capítulos de la serie secreta.

Me voy, el deber llama.